Tornado.

tornado

Por: José David País Santamaría.

Para una nación como Cuba, todo tiene un significado distinto. Desastres como el ocurrido en La Habana suceden con mucha frecuencia en el centro de los EEUU y otras regiones del planeta. Los tornados son los fenómenos meteorológicos más devastadores a escala local. Dicen que una categoría F-5 (Escala Fujita Mejorada) puede rozar los 500 Km/h de vientos máximos en sus rachas, suficiente para arrancar el asfalto de las carreteras. Algunos lo llaman “el dedo de Dios”.

El que atravesó La Habana no estuvo tan lejos de eso. Carros volaron, camiones fueron lanzados al borde de las avenidas, techos de placas de concreto fueron levantados como pliegues de cartón. La devastación es enorme. Hay hasta ahora cuatro fallecidos cuyos nombres desconozco pero a cuyas familias me una la más estrecha empatía y solidaridad. Su dolor en mi dolor.

Aun asi me parece increible que con tal poder destructivo, que pudiera compararse al de un arma de destrucción masiva, no lamentemos hoy cifras mayores de fallecidos. Sobre todo porque la gente estaba tranquila en sus casas. Las familias reunidas pasando el frente frío que se cernía sobre La Habana, como tantas noches. Jamás volveremos a mirar al cielo del mismo modo. A partir de ahora, estaremos siempre pendientes a que una nube de muerte descienda en cualquier momento sobre nosotros. Hay cosas que no se olvidan.

Pero los tornados en otras regiones pasan pronto al olvido de los medios. En aquellos paises la gente sobrevive en refugios bajo las casas y dependen de seguros ante desastres y de caridad para sobrevivir. Cuentan con avanzados y profesionales servicios de emergencia y rescate. Pero luego del desastre, los Gobiernos hacen bien poco por la gente. Todo queda en manos de la empresa privada, dueña de hipotecas, contratos, terrenos y servicios de reparación.

En Cuba la cosa es distinta. Estamos muy lejos de ser perfectos. Pero llevamos años luchando juntos contra la naturaleza y ya hemos creado una ética ante el desatre, que toda la población reconoce como la responsabilidad de las autoridades de ayudar a levantarse a todo el afectado. Fidel nos inculcó eso. Nuestros huracanes de recuperación son más poderosos que el F-5 de Fujita.

Hoy las redes sociales se llenan de opiniones encontradas. No hay forma de evitar que muchos cuestionen la respuesta de las autoridades, porque ante tal desastre, todo es importante, y a veces resulta imposible llegar a todo y a todos.

Los agradecidos, los que tenemos Fé en el socialismo y confianza en la Revolución continuada, sabemos que todo será hecho para sortear las consecuencias del desastre. Se trata de un camino complejo de no corta duración y lleno de escollos y posibilidades de error para las buenas intenciones.

No hay forma de que este asunto no atraviese la política, en Cuba todo lo hace. Y a los que no les gusta “politizar” son los primeros que echan la culpa al Estado cuando arrecian las carencias y nada dicen de las causas más contundentes.

No es momento para leer en un informe el avance de la recuperación. Hay que ir a meterse en el problema, como hizo el Presidente de la República a solo minutos del desastre.

Hay que ir a levantar y tocar puertas y el pueblo tiene que saber quien está a la vanguardia de la recuperación.

Hay que estar cazando y partiendo el pescuezo a los que van a intentar lucrar con las carencias; a los revendedores de materiales; a los usureros y especuladores; a esos que son más dañinos que el tornado mismo, porque son la causa de que el mal se mantenga y caiga en un círculo vicioso de no solución.

El que no sepa, no pueda o no quiera, que se aparte. Dirigir hoy quiere decir ir a controlar la indicación que se dio. Si usted dijo que repartieran colchones, vaya después y cuente con su mano cuantos llegaron a la gente. No se conforme con una cifra, No ceje, no haga otra cosa. No piense que es tarde y que tiene que ir a casa, posiblemente en auto: hay quienes ahora no tienen casa y nunca han tenido auto, y están en Cuba, en Regla y Guanabacoa, a metros de usted.

Es un momento crucial para que el pueblo vea que solo el Socialismo puede proteger a nuestra gente hasta de la furia de la naturaleza. Pues si hiciera falta, lucharemos contra ella y –como dijera Bolívar– haremos que nos obedezca.

Estamos a menos de un mes de votar por una nueva Constitución. El que no entienda que esta dura prueba es la más relevante –por reciente– en el camino hacie ese fin, no conoce a Cuba y no está listo para los tiempos que corren.

El mundo nos mira, pero más aun, el pueblo nos evalúa. Siempre nos criticarán los enemigos y sus acólitos. Los desagradecidos sembrarán intrigas. Los pícaros cosecharán tinieblas. Pero la misión es clara: hay que romper esquemas. Hay que tocar a todos los que sufrieron. Levantar casas, aunque haya que parar hoteles por una semana o un mes. No exagero. Las consecuencias de no hacerlo serían devastadoras para la continuidad de la Revolución, que es un país y una nación, pero también es un barrio, una calle y una casa de familia.

A una acción –dice la física– una reacción, en sentido opuesto, pero de igual intensidad. Que no quede por debajo del poder destructivo del tornado, el poder creativo y de lucha de nuestro esfuerzo socialista de recuperación. El pueblo no lo perdonaría. La Historia tampoco.

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