Venezuela: profesía de un imposible.

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Por: Equipo Red26.

Sabemos lo que pasará. Lo hemos visto mil veces. Aun así, nadie parece darse cuenta. Una amnesia global hace ignorar que las mismas rutas que recorre hoy el destino de Venezuela, las vimos antes, en años recientes, y la lista acumula millones de muertes y destrucción. Sangre iraquí, afgana, libia, siria, y tantos otros “oscuros rincones”, donde debió defenderse la libertad un día y sembrar, a base de bombas que no saben de padres ni de hijos, los derechos humanos y la democracia, con embalaje de barras y estrellas, y letrero de “Made in USA”.

Es un camino sin salida. Cada presidente yanqui hace su guerra. La maquinaria económica del imperio no puede vivir sin ellas. El acceso a los recursos fundamentales del planeta se asegura a golpe de cohetes crucero y todo tipo de armas “inteligentes”. Venezuela tiene bajo su suelo todo el petróleo que EEUU necesita para mantener su estilo de vida por los siguientes 100 años, y luego de eso, es manto privilegiado del recurso por el que se pelearán las guerras en el futuro: el agua. Oro, madera, otros metales valiosos, y demás recursos naturales, se suman también a la lista de incentivos para la agresión.

Todos cantan el coro que dicta Washington. Saben que es mentira. Pero lo repiten porque les conviene. A todos los aliados y lacayos les toca un pedazo, mayor o menor, del ansiado pastel.

El concierto internacional, concebido para asegurar los intereses de los millonarios, a manera de tétrico circo, se engrana para ahogar al actual Gobierno con sede Caracas y privarlo de todas las salidas posibles, a una crisis que le fue impuesta por los que son capaces de manejar a su antojo las finanzas y la economía globales, y cortar el oxígeno a voluntad, para acelerar la muerte de sus adversarios.

Es así como todos los convocados comienzan a cerrar a Maduro y a los herederos de Chávez las pocas puertas que aun quedaban abiertas y Venezuela se enquista aun más en sus carencias, para que su pueblo se rebele contra los presuntos culpables, aquellos que por ostentar el poder nacional, deberían ser capaces de satisfacer sus demandas y necesidades.

No ignora por suerte el pueblo venezolano de donde proceden gran parte de sus carencias actuales. En Cuba conocemos bien ese método. Lo hemos sufrido durante más de 60 años.

He aquí lo que pasará:

Cuando la falta de oxígeno llegue a un estado crítico, los seres humanos que viven fronteras adentro van a ser presa del desespero. Sus motivaciones están siendo permanentemente bombardeades con todo tipo de maquinaciones mediáticas. La verdad fue la primera víctima en la batalla por Venezuela.

Al propio tiempo, los aliados del imperialismo allí montarán algún show que la prensa internacional repercutirá hasta el cansancio. Al estilo “cascos blancos/ataque químico” en Siria, algo usarán para convencer al mundo que Maduro está matando a su pueblo y que debe hacerse todo por sacarlo.

Las inestables fronteras son ruta de entrada de grupos armados paramilitares, que pueden ser la génesis de una “resistencia” digna de ser apoyada con bombas de la OTAN, como sucedió en Libia y entonces el caos será completo.

Los más de seis millones de personas que votaron por Maduro; los que no lo hicieron pero aman el legado de Chávez; los que no aceptarán la violencia que amenace la vida de sus hijos; los patriotas hijos de Bolívar y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, serán el obstáculo que provocará que la guerra en Venezuela se prolongue hasta incendiar toda Nuestra América.

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La paz en Colombia, que parecía cierta, ya comenzó a sentir el efecto de la cercana posibilidad de la guerra. Al subordinado de Uribe que ocupa la silla presidencial colombiana poco le importa la paz. Tiene una misión que cumplir: que sigan fluyendo los fondos yanquis para “la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico” y apoyar la derrota de la Revolución bolivariana.

Venezuela está rodeada. Las jugadas del imperio aseguraron peones en abundancia alrededor de las piezas chavistas. Peligrosos personajes dominan los rumbos de naciones claves para el destino de Nuestra América, como Brasil, donde un magnate tipo Trump usurpó el poder encarcelando a su rival, y ahora lanza una ofensiva contra el crimen que inunda las redes sociales de videos de policías cargando cuerpos ensangrentados en camionetas, algunos vivos todavía, como en una película de horror. Algún día sabremos cuantos líderes de izquierda eliminó Bolsonaro con esta maniobra.

Lo cierto es que, como dijera sabiamente Raúl Castro, la región es una pradera en tiempos de sequía y hay demasiadas causas para que inicie un fuego devastador que no dejará de sentirse bien lejos de aquí. Lo que los yanquis no calculan es qué pasará cuando sus bufones sean incapaces de gobernar, si es que logran sacar del poder a Maduro, y la guerra se generaliza en Venezuela, arrojando, ahora si de verdad, millones de desplazados hacia otras regiones de América.

De los miles de escenarios probables que podemos proyectar en esta profesía del imposible muy pocos son consistentes con la paz y la estabilidad de la región. El factor que más pesa en ese análisis es la conducta de EEUU, abiertamente resuelto a empujar a Venezuela hacia el vacío.

La guerra de nuestra generación puede comenzar en cualquier momento. No es cosa de bromas.

Así queda nuestra profesía: “Las calles arderán, y de cada ventana saldrá un cañón de fusil dispuesto a defender el legado que brilla desde el Cuartel de la Montaña. Ataudes con banderas comenzarán a llegar de nuevo a suelo yanqui. Los tiranos que usurparon el poder serán derrocados por la sísmica embestida de los pueblos, motivados por la resistencia de los hijos de Bolívar. Muchos morirán, pero de la batalla definitiva saldrá la América nueva, sin amos y con la mano del imperio amputada de golpe, por la explosión de la mina que intentó sembrar al sur del Río Bravo. Es hora de la Revolución continental. Somos millones, no hay ejército lo bastante poderoso para conquistarnos. Vuelven a salir de sus cuarteles, los corceles de Bolívar…”

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