Nuestro dilema de redes sociales

Por: José Ramón Rodríguez (Tomado de El Joven Cubano).

Quizás el hecho más aterrador entre todas las realidades que transmite “The Social Dilemma” (Netflix 9/9/20), es que, de alguna manera imperceptible pero efectiva, estamos dejando de ser nosotros mismos, bajo los esquemas impuestos con la fuerza de la tecnología. Ha llegado la hora de detenerse a pensar, y en muchas de las cosas que estamos haciendo, urgen cambios radicales de formas y conductas.

Hemos tratado de ajustar las conclusiones del documental a nuestra realidad, para definir nuestros propios dilemas. Cada sociedad deberá hacerse sobre las redes sociales y la tecnología en general, las preguntas que correspondan. Estas son algunas de las mías:

¿Puede sobrevivir dentro de una sociedad conectada por plataformas de información basadas en modelos de superconsumo, alguna forma de pensamiento que defienda modelos alternativos?

¿Al estar conectados a redes foráneas, tienen otros mayor control e influencia sobre nuestra población que las propias instituciones nacionales?

¿Cuáles son los modelos de las tecnologías de información ajustadas a la construcción del Socialismo?

¿Puede asegurarse la existencia de un proyecto revolucionario bajo mecanismos de manipulación psicológica de masas, orientados a destruirlo?

¿Entendemos la magnitud del problema? Pero sobre todo ¿la descomunal y radical magnitud de las soluciones?

No tengo la menor intención de contestar a estas y otras interrogantes, sabiendo que en muchísimos espacios de la vida nacional, gente más sabia se dedica ya a estos temas y las soluciones comienzan a emerger.

Voy a señalar, no obstante, la importancia de la difusión de la verdad que el documental transmite, ajustada a nuestras realidades.

Algunos espacios de información recientes han dado muy buenos ejemplos del análisis de tales asuntos. Pero los “usuarios” más adictos a Facebook, WhatsApp, Instagram y YouTube, etc, no son fácilmente accesibles con elementos de juicio orientados a la defensa de nuestro proyecto nacional.

Por el contrario, en múltiples espacios online, los rumbos de los debates y los signos de la verdad, son manipulados para des-construir el socialismo desde las redes y luego exportar ese modelo a la realidad, mediante una impresión masiva de fenómenos, a partir de la modificación del pensamiento de los actores sociales.

No se trata solo de un esfuerzo de personas “malas”, aunque hay gente vil agrediendo a Cuba todos los días en Internet, tratando de secuestrar grupos y debates. Se trata del ajuste del algoritmo de las redes, a nuestra realidad. Fueron creadas para impulsar el consumo capitalista hasta niveles nunca vistos, y allí donde este no existe, se encargan de crearlo.

Si un sistema no compatible las acoge, actúan como virus, y cambian el sistema para desplegarse en todas sus capacidades. Una vez liberadas, son imparables.

Vuelvo a pensar que el lector puede apreciar alarmismo o exageración en estas palabras, y reitero que nada de lo dicho llega a proyectar la verdadera magnitud de los retos que tenemos. Las redes sociales modernas de Internet, no son un escenario neutral; no pueden ser “adaptadas”; no se subordinan más que a su propia programación.

Fue como abrir una caja de Pandora. Nada hay más parecido a la expansión de una pandemia. En los últimos cinco años, hemos pasado a ser una sociedad global donde la guerra se transmite en vivo y el terrorismo se transforma en un Live Show; donde los bandos pierden la capacidad de dialogar, y solo queda espacio para el odio; donde la mentira se difunde seis veces más rápido que la verdad y donde las consecuencias de estas y otras realidades, están creando las condiciones para que el caos reine cada vez sobre mayores conglomerados de seres humanos, en cualquier latitud del planeta.

Nuestro dilema social, incluye el hecho que las redes que definen la narrativa de información bajo la cual conviven hoy los cubanos, son controladas desde la nación que durante siglos ha pretendido conducir los destinos de la isla rebelde que sacudió esas cadenas y las quebró en 1959.

Cuba precisa de redes soberanas, recursos propios de conexión social masiva; redes sociales alojadas en servidores propios, que sustituyan los servicios que nos ofrecen de forma “gratuita”, los grandes monopolios de la información global. Hacer lo anterior no es una opción; no es una variante.

Es una necesidad estratégica con implicación directa en el destino de la nación. Como dijera Cintio, varios años antes del despliegue global de las redes sociales, “jamás fuerzas tan grandes se emplearon tan mal”; jamás fueron tan frágiles, el consenso, la paz, la ideología; la estabilidad política, etc, etc, etc.

La nobleza y utilidad de la tecnología son innegables. Los “milagros”, la magia de las redes, tienen en el plano positivo méritos enormes.

Su uso no puede ser controlado para fines opuestos a los intereses de un individuo, un grupo o una nación, sin la aprobación de estos. Se torna entonces el dilema social, un dilema de supervivencia, para que el próximo paso evolutivo de la humanidad no sea hacia la barbarie programada, de la que sacan provecho los controladores del algoritmo.

Para Cuba, que comienza a pasos acelerados los caminos dentro de las redes, está planteado el reto en el futuro inmediato. Las fortalezas son muchas, las amenazas enormes. Estamos a las puertas de una necesaria revolución comunicacional; un levantamiento insurgente contra los monopolios que nos han impuesto su uso y se presentan como imprescindibles.

En esta nueva batalla, como en las anteriores, también venceremos!!!

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