Del “diálogo” y otros demonios

Por: José R. Rodríguez.

Trataremos de ser breves y hablar en letra de molde: no creo en diálogos con mercenarios. No he sentido necesidad de abordar antes el tema, porque han sido brillantes las respuestas que nuestra joven vanguardia política ha dado a los convocantes de “diálogos” y “articulaciones”, sacadas de un paquete de nylon con letrero “Sponsored by USA”, y donde el producto, recién hecho con contenidos reciclados, apesta demasiado a conspiración subversiva para no serlo.

No nos hagan pasar por tontos. Sabemos de diálogos para someter. Recordamos el Zanjón.

Tengo y deseo exponer otra razón para no caer en el juego que la contrarrevolución ejecuta con la mano del imperialismo moviéndose dentro de sus entrañas. Hemos demostrado y seguiremos denunciando que estas estrategias subversivas siguen al pie de la letra lo establecido en los manuales de las Fuerzas Armadas de EEUU para la Guerra no Convencional y de ellos procede el fundamento doctrinal que sostiene todo el esquema de agresión. El “diálogo” no es una excepción.

Los que hayan observado con detenimiento los ejemplos de campañas de Guerra no Convencional en años recientes (Libia, Siria, Venezuela, etc.), podrán citar ejemplos donde la “oposición” convoca a “diálogos”, muchas veces con el auspicio de “neutrales” y nada comprometidos (aquí pongo mi cara de sarcasmo) actores internacionales. No es posible olvidar aquella ironía llamada “Amigos de Siria”, donde se dialogaba, mientras EEUU y sus aliados planificaban el uso de terroristas para derrocar al Gobierno de Al Asad y ocupar los campos de petróleo.

En Venezuela, la derecha subordinada a Washington es sumamente “dialogadora”. En decenas de oportunidades representantes de oposición se han sentado a hablar con el Gobierno de Maduro, sin que se detenga ni por un momento la planificación y ejecución terrorista contra la patria de Hugo Chávez.

Sobre estos ejemplos se podría profundizar durante horas, pero el punto es claro. El “diálogo” es otro recurso de desgaste. Una forma de legitimar al interlocutor que sirve a la estrategia de agresión. Un interlocutor que busca eso precisamente, mientras en el mismo tablero de ajedrez otras piezas se colocan en posición para dar jaque, e incluso, para configurar el mate.

Lo usan para ganar tiempo y legitimidad. Para comprometer y desmovilizar a las fuerzas revolucionarias, desviando su atención de la percepción sobre otras rutas de la agresión, y mientras los dialogantes se sientan a la mesa, la maquinaria de Guerra no Convencional no se detiene. Se acelera.

¿Parece exagerado? No les pido que me crean, les ruego que lean en la doctrina. Aquí se la traigo.

Todos los manuales estadounidenses de Guerra no Convencional exponen en su interior lo que denominan “estructura de una insurgencia”, la cual a manera de gráfico expone los pasos para la construcción de un escenario de guerra desde sus fases incipientes hasta el derrocamiento del Estado.

Este gráfico tiene forma de pirámide, y comparte las mismas características de un tempano de hielo: la mayor parte de su tamaño se oculta bajo el agua, invisible para los ciudadanos promedio, imperceptible hasta que resulta demasiado tarde.

El esquema ha evolucionado en el tiempo y los cambios tienen mucho que ver con el tema de este artículo. La pirámide tradicional, contenida en varios manuales hasta el año 2013 (Publicación de la ATP-3.05-1), cambió en el 2015, con la aprobación de la Publicación Conjunta JP-3.05-1, cuyo contenido aun permanece clasificado en su mayor parte, pero cuya pirámide si se conoce, a través de otros documentos de referencia.

En ella, casi en la cima, luego de etapas que incluyen, entre otras, acciones de propaganda, agitación, protestas, huelgas, disturbios, sabotajes, expansión de redes clandestinas, etc., la doctrina prevé la “negociación con representantes del Gobierno”. Tal actividad, está dirigida a la búsqueda de salidas que incluyen el abandono del poder, luego de fases de desgaste y bajo presión y antecede a las fases de resistencia abierta, con el empleo de la violencia armada e incluso la intervención militar extranjera.

El “diálogo” está previsto. Siempre los planificadores van a ofrecer espacios para que los pueblos cedan su soberanía, conquistas o derechos, y así acortar el tiempo y los gastos de la campaña, que en el caso de Cuba son extensos, a juzgar por las nóminas de la USAID, la NED y la CIA, que engrosan agentes del patio.

Dentro de la Revolución y en el esfuerzo por construir una sociedad más próspera y justa, todos los diálogos son posibles y necesarios. La Revolución es un inmenso diálogo histórico, que aguarda la mano levantada de todos sus hijos e hijas de bien, para decirles, tienen la palabra.

Pero con agendas ocultas y agentes enemigos no hay conversación válida. No es posible diálogo en tales circunstancias. No se puede hablar con marionetas al servicio de una estrategia de agresión no convencional, en cuyas etapas posteriores se pretende desatar la violencia contra mi país. Ante tales reclamos, sea quien sea el convocante de turno, hay una sola respuesta viril y soberana inscrita en nuestro genoma político: No nos entendemos!!!

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