Ciberespacio e información: ¿Cómo los usan contra nosotros? Parte 2: Redes Sociales.

Por: José R. Rodríguez.

Resulta muy poco probable que en el futuro mediato surja algún fenómeno que tenga mayor capacidad de movilización e influencia que los entramados algorítmicos de las redes sociales.

Miles de confrontaciones tienen hoy como escenario el ciberespacio, donde una infinidad de pseudorealidades se multiplican de forma exponencial, en escenarios impuestos por la hegemonía tecnológica e informacional del imperialismo, obligando a una movilización revolucionaria que debe observar en este fenómeno a uno de sus antagónicos más peligrosos, y que plantea un enfrentamiento permanente distinguido por la imprevisibilidad, la intensidad y el desgaste.

En las redes sociales de hoy, la reflexión, el debate, el análisis y el diálogo político se pulverizan y se vuelven casi inútiles frente a adversarios sin rostro, que no tienen como fin la construcción de la sociedad, sino la multiplicación del odio, la ignorancia y la mentira, convirtiendo cada mente en una trinchera y cada portal al universo digital (teléfonos/tablets/computadoras) en un arma.

Todos los que llegan (cada vez más temprano) a la madurez digital, viven en un mundo donde han perdido la capacidad de elegir, y donde cabe cuestionarse todo, una vez que nuestra toma de decisiones, nuestros valores, motivaciones, estados de ánimo e ideología, van a ser influidos por la información que consumimos, que llega a nosotros manipulada, empaquetada y gestionada, para producir seres humanos ajustados a un modelo de superconsumo, donde no es preciso entender, ni cambiar nada.

Nada es hoy más movilizador que un grupo de redes sociales; nada motiva más que la aceptación colectiva y la ilusión de fama que otorgan los “likes” y los corazones.

La adictividad de las redes, tiene el fundamento de la necesidad de los seres humanos de expresarse y ser reconocidos, y como valor agregado dentro del proceso, toda nuestra información se usa contra nosotros, para esculpir nuestra mente, a imagen y semejanza del “creador”.

No se trata de teología, quienes controlan los algoritmos de redes donde habitan las vidas de más de la mitad de la población mundial, tienen acceso a una base de datos infinita, que puede ser usada para todos los fines. Esos creadores, que no han vendido a bajos precios su creación, juegan a la imparcialidad, cuando la realidad es que nacieron de un solo lado y son el resultado más genuino de las sociedades de consumo.

Es la forma más acabada del imperialismo -con el permiso de los clásicos- cuando el control de las masas ya no precisa de la violencia de los ejércitos, ni de la hegemonía militar (a la que no se renuncia), sino del acceso y uso de la información individual. Unos pocos lo saben todo de todos y eso los hace increíblemente poderosos.

La mayoría de los Estados nacionales ha tardado en entender y reaccionar ante esto. Durante décadas se han dedicado todos los recursos a las amenazas tradicionales, mientras desde los entornos de la información se construían nuevas amenazas. Naciones con poderosas fuerzas militares, han visto caer sus gobiernos sin invasiones, y las guerras no han vuelto a ser lo mismo: desde Libia hasta Bielorrusia, el signo de la manipulación de la sociedad contra el Estado; de una Troya sin caballo, sino con el uso de los propios troyanos, ha venido a demostrarnos cómo será la guerra que enfrentaremos, o mejor dicho, enfrentamos hace ya bastante tiempo.

Los manuales de Guerra no Convencional de las Fuerzas Armadas de EEUU, lo expresan aún con más claridad: “Las consideraciones doctrinales apuntan que la expansión del uso de los celulares y la tecnología de Internet permite la agitación en una escala sin precedentes. Se ha comprobado que esos medios sociales conmueven mucho más que un panfleto, la radio, un periódico u otros medios de difusión masiva, y cuando las señales no están bloqueadas por el Gobierno, permiten una organización a tiempo real, a largas distancias, y entre grupos diferentes” [1].

Entender que estamos en guerra no es ser pesimistas ni alarmistas en la Cuba de hoy, es ser realistas. La internet en cada casa, en cada individuo, significa que nuestras fronteras nacionales se han trasladado hasta allí y que nuestros adversarios tienen potencialmente la capacidad de susurrar al oído de cada uno de nuestros ciudadanos. Lo que durante décadas trataron de hacer con emisoras de radio y TV piratas, sin éxito, hoy se hace de forma masiva y sistemática, sin que haya posibilidad alguna de interferencia. La “neutralidad” de las redes lo impide. El hombre ¿elige?

No se puede ignorar (sería ingenuo hacerlo) que en esta batalla hemos partido con inmensas desventajas: el esquema de influencia psico-informacional del imperialismo lleva años ajustándose y perfeccionándose; la sociedad y sobre todo los sistemas de contra propaganda enemiga no siempre son capaces de reaccionar a tiempo, y desprovistos de los datos del algoritmo, parecería que siempre estarán en desventaja.

En menos de dos años millones de cubanos han entrado a Facebook y WhatsApp. Para no repetir lo descrito en «The social dilemma», lo anterior quiere decir que los planificadores de la destrucción de la Revolución, tienen la capacidad, algoritmo mediante, de influir individualmente en cada uno de los ciudadanos conectados y librar una multiguerra, donde un bando puede perder batallas a diario sin darse cuenta, cada vez que una percepción es modificada y un juicio favorable al enemigo nace, «espontáneamente», en la mente de un cubano.

Las redes sociales funcionan entonces como una incubadora de polarización; una fábrica de soldados enemigos; una forma de eliminar el caballo, porque se puede convencer a los propios troyanos, sin que lo perciban, de que abran o destruyan sus murallas.

Lo aprendido en los últimos 20 años de historia, indica que luego de los “ablandamientos” de las bombas de la des-información, los instigadores del caos pasan a la parte “práctica” del plan, que implica el uso conveniente de todo el odio, la ira, la incertidumbre y la mentira que se han sembrado, de forma sistemática, para destrozar la paz interna de las naciones y construir nuevas realidades políticas y sociales, al servicio de las clases e intereses que promovieron el desastre.

Por ello los preceptos doctrinales de la Guerra no Convencional establecen con suma precisión las formas de empleo y la relevancia de Internet y las redes sociales.

Recientes ejemplos puestos al descubierto en los espacios noticiosos nacionales evidencian la creación por elementos de la contrarrevolución, precisamente dentro de plataformas como WhatsApp, de redes de “información y propaganda”, cumpliendo al pie de la letra lo previsto en la doctrina. Estas “redes especiales” –señala la ATP 3.05-1– son responsables de “proveer información a la población, en contra de la voluntad del régimen en el poder. Esta información reforzará la voluntad de la población para apoyar la causa de la insurgencia, erosionará la legitimidad del gobierno y la moral de las fuerzas de seguridad”.

Algunos de los medios para transmitir esta información son los “sitios de internet, publicaciones y salas de chat de redes sociales y campañas de rumores”.

Estas redes también se utilizan para “reclutar nuevos miembros, comunicarse con los elementos de apoyo en el exterior, (incluida la recepción de financiamiento) y la búsqueda de apoyo en audiencias externas”.

Otro uso de las redes sociales previsto en la doctrina y evidenciado en los recientes montajes de la contrarrevolución, es la manipulación de multitudes y la explotación del efecto de una situación de disturbio, aunque sea limitado o creado de forma artificial. Para ello, la contrarrevolución “explota la emisión de imágenes, entrevistas, videos y otros materiales sobre los eventos, para construir apoyo interno y externo”.

Las redes también se utilizan para preparar la situación en sus fases previas y para magnificar sus efectos, manipulando los resultados. Estas y otras son las razones que hacen a los planificadores enemigos (los que pagan a los operadores contrarrevolucionarios) apreciar permanentemente las “capacidades de contrapropaganda, interferencia y de análisis biométrico” del país objetivo. Se preguntan además “cuán importante es la Internet para la sociedad, cuán expandido está el acceso a Internet” y “cuáles son las capacidades del régimen para la ciberguerra y la censura de la información a la población”.

Se trata de un tema muy difícil de resumir. Mientras más se diga, más quedará por denunciar y alertar. Nuevas tácticas surgen y se despliegan todos los días, en escenarios donde los límites parecen ser la imaginación de los participantes.

No es tiempo de ingenuidades ni medias soluciones. Las realidades alternativas que se construyen en las redes, se tratan de llevar al plano físico cada cierto tiempo. Internet es un teatro de operaciones. La información es un arma. La guerra se ganará o se perderá, mucho antes del primer disparo.

Referencias.

Publicación de Técnicas del Ejercito ATP-3.05-1 “Guerra no Convencional” (2013).

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Primeros pasos
A %d blogueros les gusta esto: