Identidad cultural y juventud en tiempos de Guerra no Convencional

La cubanía fue brotada desde abajo y no llovida desde arriba” (…) surgió primero entre las gentes aquí nacidas y crecidas, sin retorno ni retiro, con el alma arraigada a la tierra”.

Miguel Barnet

Por: MSc. Ailyn Prieto Mirabal.

¿Qué aspectos conforman o distinguen a una persona, grupo, región o nación? La respuesta a esta interrogante hace pensar en la palabra Identidad. La que nos ocupa en el siguiente trabajo, es la Identidad Nacional.

De la Torre, C., autora de referencia concibe la identidad nacional como “un espacio sociopsicológico de pertenencia, la identificación con un conjunto de rasgos, significaciones y representaciones referidas a las personas de un mismo pueblo que se relacionan las unas con las otras biográficamente. Es la conciencia (sustentada en un mayor o menor nivel de elaboración) y el sentimiento compartido de mismidad. Es, también la posibilidad del cambio sin perder la continuidad, la posibilidad de la comparación (igualdades y diferencias) con otros grupos nacionales, la expresión del ser en sus múltiples maneras de estar”. (s/f, p.3).

La identidad nacional ha constituido una preocupación compartida por investigadores estudiosos del tema, no sólo nacionales sino también foráneos, fundamentalmente de la región latinoamericana, dado el impacto de las disímiles transformaciones socioeconómicas, políticas y culturales que han estado manifestándose en nuestras sociedades, ya sean de manera espontánea o impuesta. Todo ello ha generado vulnerabilidades en la autenticidad cultural y nacional de un país y, por ende, en la modificación o eliminación de valores culturales contenidos en la historia de los pueblos.

Cuba no ha estado exento de estos peligros, los cambios que han venido sucediéndose en la sociedad cubana ha conllevado a cambios en los estilos y modos de vida de la población, lo cual ha tenido su impacto en la identidad nacional, trayendo consigo nuevos procesos identitarios, sin llegar a perder lo autóctono que la identifica como nación. Desde el triunfo de la Revolución las distintas administraciones norteamericanas no han cesado en la proyección e implementación de programas y acciones a través de disímiles formas de penetración dirigidos a transformar el plano de la conciencia y la ideología de nuestra sociedad con el objetivo de cambiar el sistema sociopolítico, siendo la cultura un eslabón importante para el alcance de este fin.

Hablar de dominación cultural, es un tema que tiene sus raíces desde los tiempos de la colonización, en la que las principales potencias del mundo se dedicaron no sólo a la ardua tarea de explotar y saquear los recursos naturales y humanos de las colonias, sino también llegaron a sustituir las costumbres, hábitos, estilos de vida y creencias de los pueblos colonizados por las expresiones culturales de los países colonizadores. A raíz de este proceso, muchas de las identidades nacionales y culturales de los países colonizados, en especial de América, se formaron como simbiosis o síntesis de culturas, siendo nuestro país un producto también de ello.

Los siglos XX y XXI se han caracterizado por un desarrollo vertiginoso de la sociedad, en especial, este último, que además de un crecimiento acelerado y revolucionario de las ciencias y la tecnología en sus diferentes ámbitos de aplicación, también, se ha distinguido por ser una sociedad altamente competitiva, mercantilista, consumista, expansionista en sus más amplias manifestaciones, utilizando para ello diferentes formas y métodos que contravienen o van en detrimento de los intereses y soberanía de una nación.

La Guerra no Convencional constituye un ejemplo de ese expansionismo, una guerra que no necesita armas, dirigida a transformar la conciencia colectiva de una nación. Constituye una nueva forma de penetración, esencialmente en el plano de la conciencia y la ideología, donde la cultura constituye un blanco perfecto para tales fines. En la última década se han hecho más evidentes estas intenciones, muchas de las cuales han sido declaradas abiertamente, tal es el caso del discurso del ex-presidente norteamericano Barack Obama en el marco del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países. En el mismo expone la intención de hacer llegar a Cuba los modos de vida y de pensamiento norteamericanos, y lograr con ello, un cambio en la conciencia ideológica del cubano.

El problema de la identidad cultural en la actualidad es un tema de polémica a escala universal, debido a la creciente dominación de los capitales transnacionales y élites de poder, donde los medios de difusión masiva tienen un papel decisivo. La expansión de las industrias culturales y de un mercado cultural son fuentes de la producción de la cultura que pasan por la dinámica de las comunidades, sustituyendo costumbres y las formas tradicionales de vivir, por estilos de vida conformados desde la publicidad y el consumo, en la que nuestro país no se encuentra exenta de ello.

Particularmente en Cuba, se ha hecho más evidente en los últimos años una creciente exteriorización de símbolos, patrones culturales, formas de pensamiento y nuevas costumbres que son ajenas a las que identifican lo nacional cubano, restando valor a los propios, siendo los jóvenes uno de sus principales exponentes.

Precisamente, un objetivo clave en estas estrategias de subversión es la juventud, como sector poblacional más vulnerable a la recepción y reproducción de las más variadas expresiones culturales, especialmente las foráneas, lo cual genera con el tiempo transformaciones dentro de la propia identidad cultural, conllevando así, al surgimiento de otras identidades copias de modelos que se alejan de lo nacional autóctono.

¿Por qué en la juventud? ¿Qué relación tiene con la identidad cultural? Es en la juventud donde se desarrollan una serie de cambios vitales que repercuten en las distintas esferas de actuación, no solo en los ambientes en los que se circunscribe el joven, sino a escala macrosocial. En esta etapa, es cuando el joven desarrolla y consolida su identidad a partir de la maduración de su autovaloración, su concepción del mundo y los proyectos de vida, entre otras características y condiciones que influyen en su desarrollo; al ser una etapa de cambios decisivos, ello reviste connotación en la continuidad y transformaciones de las identidades culturales.

Por tanto, el tema de la Identidad Nacional constituye una necesidad de resistencia y de ideal, sin las cuales nos extinguiríamos como sociedad, preguntas como ¿quiénes somos? ¿hacia dónde vamos? ¿a dónde pertenecemos? y ¿qué participación tendremos?, nos exhorta a mirar esta temática con mayor profundidad, y nos alerta del peligro que para nuestra identidad cultural conlleva hoy en día.

Si desea conocer más sobre la Identidad Nacional, se le invita a continuar leyendo el trabajo que se anexa, en el mismo se expone una visión más ampliada del tema con apoyo de una revisión bibliográfica.

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