Cuba y la Guerra no Convencional (Parte 3 y final)

Por: José R. Rodríguez.

El 22 de marzo de 2016, en una entrevista ofrecida a la cadena televisiva estadounidense ESPN durante el juego de pelota entre un equipo Cuba y el Tampa Bay Rays en el estadio Latinoamericano, Barack Obama dijo: “Si nuestras ideas y nuestra cultura penetran esta sociedad, con el tiempo eso nos dará ventaja para promover los valores que nos interesan”.

Casi dos años antes, el 17 de diciembre de 2014, mientras el propio Obama y el General de Ejército Raúl Castro Ruz anunciaban simultáneamente las decisiones sobre el nuevo escenario bilateral, el sitio digital de la Casa Blanca publicaba en su portada, en idioma español, un texto titulado “Un nuevo rumbo para Cuba”, que señalaba:

“Las varias décadas de aislamiento entre EEUU y Cuba han hecho que falle nuestro objetivo de empoderar a los cubanos para construir un país abierto y democrático. (…) A pesar de que esta política se basó en la mejor de las intenciones, su efecto ha sido prácticamente nulo: en la actualidad Cuba está gobernada por los hermanos Castro y el Partido Comunista, igual que en 1961. No podemos seguir haciendo lo mismo y esperar obtener un resultado diferente”.

El cambio de política nunca escondió sus finalidades, aunque no faltaron los miopes en su interpretación, razón que pienso, motivó al Comandante en Jefe a señalar, en una reflexión eterna que también recibimos del Che, que no debemos confiar en la política de EEUU.

«No confío en la política de EEUU», Para mis compañeros de la Federación Estudiantil Universitaria, Granma, 26 de enero de 2015.

El cambio no implicaba un método nuevo, sino una nueva forma de ponerlo en práctica, más perfilada y efectiva. Así se sintetizaba: “Los esfuerzos de EEUU se enfocan en promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del estado cubano. […] La Administración continuará implementando programas de EEUU enfocados en promover el cambio positivo en Cuba, y fomentará reformas en nuestro compromiso de alto nivel con los funcionarios cubanos”.

Por primera vez en la historia de EEUU, Cuba fue mencionada en una Estrategia de Seguridad Nacional: “Como parte de nuestros esfuerzos por promover un hemisferio totalmente democrático, vamos a avanzar en nuestra nueva apertura hacia Cuba en una forma que promueva de manera más eficaz la habilidad del pueblo cubano de decidir su futuro libremente”.

Esa misma estrategia dejaba claro la esencia de los nuevos cursos de acción: “El uso de la fuerza no es la única herramienta a nuestra disposición y no es el principal medio para el compromiso de EEUU en el exterior, ni siempre el más eficaz para los retos que enfrentamos”.

Fue precisamente Obama quien dijo en un discurso a los cadetes de West Point que “tener el mejor martillo no quiere decir que cada problema debe ser tratado como un clavo”. Evidentemente se trataba de la puesta en práctica de renovados métodos para conseguir objetivos estratégicos, avalados por décadas de aplicación práctica de procedimientos de Guerra Irregular y por recomendaciones actualizadas de analistas y tanques pensantes.

Con todo eso en mente desembarcó Obama una tarde lluviosa en La Habana. El resto de la historia, es conocida.

Los acontecimientos de finales de 2020 en Cuba, que pretendieron configurar el escenario de inestabilidad previsto en la doctrina, con matices renovados en el comportamiento de la contrarrevolución, avivaron el debate sobre Guerra no Convencional y la mención del término, con “nombre y apellidos”, en espacios frecuentes de los medios nacionales, obligando a considerar definiciones, teoría y doctrina.

La Guerra no Convencional, como comportamiento político de EEUU contra Cuba, se define como el sistema de acciones de carácter político, económico, cultural, comunicacional, técnico y militar, dirigidas a propiciar el surgimiento y fortalecimiento de un movimiento de oposición política interna, así como la subversión política e ideológica de una parte relevante de la población, con el objetivo de propiciar un escenario de ingobernabilidad e inestabilidad, mediante el cual sea posible coaccionar, desestabilizar y por último derrocar al Estado revolucionario, a fin de derrotar el proyecto socialista y reinstalar la dominación capitalista sobre Cuba[1].

En el caso de nuestro país, esta estrategia se caracteriza por cuatro rasgos fundamentales: (1) la promoción de una oposición política efectiva en la Isla; (2) la pretensión de separar al Estado del pueblo; (3) las actividades de información, guerra psicológica y agresión cultural; (4) y el empleo con fines subversivos de las tecnologías de la comunicación y la información.

El contexto actual impone retos descomunales para el enfrentamiento a estos procedimientos.

En primer lugar, debe asumirse que las actuales capacidades de las redes sociales modernas trascienden el plano virtual y se insertan en la realidad objetiva, con la posibilidad de modificarla, bien porque son efectivas en influir en la conducta de un individuo o porque pueden establecer “rutas” a seguir por grupos de personas. Subestimar la enorme capacidad de convocatoria de las redes sociales o no sopesarla en su correspondiente medida para emplearla efectivamente, son errores estratégicos de consecuencias catastróficas.

La expansión nacional de Internet, es la diferencia de mayor relevancia de la situación actual, en relación con acciones contrarrevolucionarias anteriores. En los últimos dos años, ha sido permanente la expansión de grupos en redes sociales y el empleo masivo de plataformas de comunicación social extranjeras (Facebook, Whatsapp, Telegram, etc.), cuya capacidad para influir en nuestra realidad interna ha ido “madurando” a la par de su masificación entre la población.

En este punto las estrategias de nuestros enemigos y nuestros objetivos nacionales de desarrollo, transitan por rutas cercanas. Parafraseando a Cintio Vitier, jamás fueron tan próximos los caminos de salvación y los peligros.

En las redes de Internet son frecuentes los censos a la capacidad de convocatoria de causas contrarrevolucionarias; la gestión del descontento y la presencia permanente de la narrativa de información antiestatal, que desarrollan las plataformas enemigas orientadas a las audiencias cubanas.

En nuestro campo de batalla de información, estas fuentes constituyen las tribunas del mensaje enemigo, junto a los cabecillas internos y externos; y las redes sociales actúan como herramientas de amplificación y difusión, aumentando su efectividad a partir de su capacidad de personalizar los mensajes y contenidos, e influir en sus usuarios.

La comprensión de la información como un “teatro de operaciones” incluye los esfuerzos para negar o limitar al adversario la transmisión de su mensaje a las audiencias nacionales objetivo, lo cual es hoy, un esfuerzo estratégico de primer orden.

Lo anterior se articulará cada vez más con la capacidad de movilización de todos los recursos de información orientados a la defensa de la Revolución, ante la necesidad de enfrentar situaciones de agresión, evitando la “dispersión” de los flujos de contrainformación, o la poca efectividad del enfrentamiento mediático a la actividad de los enemigos de la Patria.

Si se precisa una doctrina, además del vasto caudal teórico y práctico de nuestra resistencia, podemos encontrar siempre en nuestra historia las respuestas necesarias, especialmente en el genio de quienes nos pensaron y construyeron como nación.

Volvamos siempre, en búsqueda del plan, a aquel que vio de lejos y alertó, como si recorriera hoy las calles de nuestras ciudades y pueblos, que “la política es el arte de inventar un recurso a cada nuevo recurso de los contrarios, de convertir los reveses en fortuna; de adecuarse al momento presente, sin que la adecuación cueste el sacrificio o la merma del ideal que se persigue; de cejar para tomar empuje; de caer sobre el enemigo, antes de que tenga sus Ejércitos en fila, y su batalla preparada”[2].

Referencias y citas:

  1. Rodríguez Ruiz, José Ramón (2015) La Guerra no Convencional como comportamiento político de Estados Unidos de América contra Cuba, desde la Ciencia Política con enfoque Sur. Facultad de Filosofía e Historia, Universidad de La Habana, p 29.
  2. Martí, José (1881) “Gambetta electo”. Noticias de Francia. La Opinión Nacional. OC, t.14, p 60. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.

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