Cuba y la Guerra no Convencional (Parte 2)

Por: José R. Rodríguez.

La acumulación de experiencias en disímiles conflictos y el desarrollo doctrinal experimentado por las concepciones de los primeros días, principalmente en el seno de comunidades como las Fuerzas de Operaciones Especiales y los organismos de inteligencia, permitieron arribar a las definiciones bajo las cuales se opera en la actualidad en el ámbito de la Guerra no Convencional.

La definición presente en el Diccionario de Términos Militares y Asociados del Departamento de Defensa de EEUU, Publicación Conjunta (JP, por sus siglas en inglés) 1-02, la presenta como “un amplio espectro de operaciones militares y paramilitares, normalmente de larga duración, predominantemente realizadas a través, con, o por fuerzas nativas, apoyadas, entrenadas, equipadas y dirigidas, en grado variable, por una entidad externa. Incluye, pero no está limitada, a la guerra de guerrillas, la subversión, el sabotaje, las actividades de inteligencia y otras”.

En abril de 2009, un grupo de trabajo del Comando de Operaciones Especiales del Ejército de EEUU, se integró con el fin de esclarecer la definición de Guerra no Convencional. De esas discusiones, emergió el inicio de un nuevo lenguaje sobre esta. El valor de la nueva definición fue su atención específica a la Guerra no Convencional como una misión y no como un método. La Guerra no Convencional quedó redefinida así[1]:

“Actividades conducidas para permitir a un movimiento de resistencia o insurgencia coaccionar, alterar o derrocar a un gobierno o poder de ocupación, operando a través o con una fuerza guerrillera, auxiliar y clandestina en un área denegada” [2].

A partir de este momento, la Guerra no Convencional no fue más un sinónimo de unidades, tácticas o métodos no convencionales. Fue claramente delineada como las actividades o acciones de un patrocinador extranjero y no de un movimiento de resistencia. Esta definición centrada en el patrocinador y la misión, aportó un entendimiento más preciso del rol de los actores y del estado final deseado en una campaña de Guerra no Convencional. Esta nueva perspectiva, allanó el camino para el resurgimiento de estudios y el desarrollo de la teoría en este campo [3], cuyos resultados fueron casi inmediatos.

La definición del 2009 encabeza los documentos doctrinales que rigen el desarrollo de la Guerra no Convencional en la actualidad, entre estos, la Publicación de Técnicas del Ejército (ATP, por sus siglas en inglés) 3-05.1 “Guerra no Convencional” y la Circular de Entrenamiento (TC, por sus siglas en inglés) 18-01 “Guerra no Convencional de la Fuerzas Especiales”, públicamente accesibles.

¿Cómo se ajustan estos conceptos y en qué medida son relevantes para las estrategias actuales de EEUU contra la nación cubana?

Cuba es, desde los primeros años de la Revolución, el modelo más cercano para comprender en retrospectiva los conceptos de Guerra no Convencional que hoy estudiamos.

En 1963, Allen Dulles, jefe de la CIA en la época de Girón, escribió un libro titulado El Arte de la Inteligencia, que dedicó uno de sus capítulos a la estrategia de subversión contra la URSS, en el que apuntó:

“Sembrando el caos en la Unión Soviética sustituiremos sus valores, sin que sea percibido, por otros falsos, y les obligaremos a creer en ellos. (…)”.

“Encontraremos a nuestros aliados y correligionarios en la propia Rusia. Episodio tras episodio se va a representar por sus proporciones una grandiosa tragedia, la de la muerte del más irreductible pueblo en la tierra, la tragedia de la definitiva e irreversible extinción de su autoconciencia (…)”.

Fue precisamente Dulles quien, refiriéndose a la triunfante Revolución Cubana el 12 de febrero de 1959 señaló: “Cual niños ellos serían capaces de hacer casi cualquier cosa”. Con su estilo prepotente, nos juzgaba como a niños descarriados que merecían castigo, pero advertía que había que hacerlo con “habilidad, mañosamente”[4].

Uno de los pilares de la estrategia de EEUU y la proyección de su agresividad contra la Isla fue el empleo de la contrarrevolución, tanto interna como externa, y la subversión, que halló cuerpo en la propaganda enemiga y el agrupamiento contrarrevolucionario.

Fue interés nacional de EEUU subordinar las actividades de la contrarrevolución a los lineamientos de la política de Washington. Todo ello formó parte de la prioridad de seguridad nacional que como ya vimos, constituía para la Casa Blanca la lucha contra los Movimientos de Liberación Nacional; el socialismo y la URSS.

El método elegido queda claro al analizar el discurso de los líderes de la época. En un encuentro con especialistas de la comunidad de inteligencia, John F. Kennedy expuso lo siguiente: “En la medida en que los medios militares se tornan más mortíferos, que una creciente cantidad de países tienen acceso a ellos, la guerra de subversión, la guerra de guerrillas y otras formas de lucha adquieren mayor significación. En la medida en que las armas termonucleares sean más poderosas, y existan menos posibilidades para su empleo, las operaciones subversivas desempeñan un papel cada vez más relevante”[5].

La propia invasión de Playa Girón (Operación “Pluto”) constituyó una de las formas de aplicación práctica de esta doctrina. El empleo de una fuerza mercenaria, sustituta de las propias fuerzas estadounidenses, entrenada y asesorada por esa nación, cuya pretensión era iniciar en Cuba una resistencia que pudiera recibir el apoyo directo de EEUU y de esa forma derrocar al Gobierno Revolucionario.

El fracaso de Girón hizo al propio Kennedy indicar “(…) examinar de cerca todas nuestras prácticas y programas en las áreas de las actividades militares y paramilitares, insurgencia y contrainsurgencia que no sean de guerra abierta. Pienso que necesitamos reforzar nuestro trabajo en este campo”.

Como resultado de las experiencias analizadas, nuevas formas de guerra encubierta y agresión subversiva se desataron contra Cuba. La Operación “Mangosta” y el periodo que se recoge en nuestra historia como la Lucha Contra Bandidos, fueron la ejecución de la intención del gobierno de EEUU de destruir a la Revolución Cubana sin necesidad de una agresión militar directa contra la Isla o el desgaste necesario como preludio de esta.

El núcleo central de esta etapa fue el empleo de la contrarrevolución interna y las bandas armadas, como fuerzas sustitutas o auxiliares, mientras el escenario de subversión era reforzado con todo tipo de acciones de guerra económica, sabotajes y operaciones de inteligencia de la CIA, entre otras. Los conceptos entraban en acción.

Un memorando del Departamento de Defensa, de fecha 25 de julio de 1962, resume estas intenciones. Al hacer una revisión de la Operación Mangosta, en el punto referido a sus objetivos señalaba: “(…) EEUU ha emprendido esfuerzos especiales con el objetivo de ayudar a Cuba a derrocar a un régimen comunista”, para ello, son necesarias, entre otras, “acciones encubiertas, políticas y económicas, para inspirar una revuelta en Cuba o desarrollar la necesidad de una intervención de EEUU”.

Los errores que condujeron al fracaso de la invasión mercenaria de Playa Girón fueron minuciosamente analizados por la administración Kennedy. A raíz del fracaso, Kennedy confió al general Maxwell Taylor la misión de describir, explicar y establecer conclusiones sobre las causas que determinaron la debacle de la operación “Pluto”.

Era indiscutible que el Departamento de Defensa de EEUU tendría una importante presencia en los nuevos planes subversivos contra Cuba, oponiéndose a criterios existentes en la época entre jefes del Ejército de EEUU, de que la Guerra no Convencional no merecía consideraciones serias o esfuerzos de los militares.

No obstante, como ya expresamos, el esfuerzo desplegado en la subsiguiente operación “Mangosta” fue exhaustivo. Las agencias y el Departamento de Defensa de EEUU, concibieron en conjunto una operación que aglutinó esfuerzos en casi todos los ámbitos de la vida nacional de Cuba. Planes de desestabilización que preveían el desarrollo de huelgas; manifestaciones contra la Revolución; atentados contra principales dirigentes; sabotajes y rebelión abierta, etc.

En sus orientaciones “Mangosta” establecía: “Cuando el movimiento popular ocupe un territorio importante de Cuba, debiera formar un gobierno provisional. Esto permitirá la ayuda abierta de América Latina y EEUU si se pide y es necesaria. Una situación de gobierno militar existirá para el periodo inicial y tenemos que insistir en el realismo de este periodo de transición que precede al control civil razonable”.

La Publicación de Técnicas del Ejército 3-05.1 (ATP 3-05.1) “Guerra no Convencional”, contiene el caso de Cuba, como “Ejemplo selecto de actividades de Guerra no Convencional patrocinadas por EEUU”. Sus aseveraciones, aunque referidas a la invasión mercenaria de abril de 1961, son esclarecedoras.

La CIA cometió “(…) errores en su campaña de Guerra no Convencional contra Cuba. Aunque existían algunos esfuerzos razonablemente exitosos en el desarrollo de una clandestinidad, no estaban lo suficientemente diseminados o coordinados para organizar una campaña de resistencia popular sostenida”.

“La información de Inteligencia sobre las condiciones en Cuba era insuficiente y engañosa”. Según los expertos estadounidenses, los esfuerzos de Guerra no Convencional contra Cuba en estos primeros años carecieron de “mecanismos de apoyo e infraestructura encubiertos, así como de una adecuada preparación y organización política popular y clandestina, incluida la guerra de guerrillas”. La autocrítica abarcó incluso el área de las operaciones psicológicas, la propaganda y la subversión, que según afirmaron: “deben ser adecuadas antes de tomarse la decisión de una acción armada”.

EEUU había aprendido que los exiliados por largos períodos –aunque sean nativos del país objetivo– “no son sustitutos para insurgentes activos operando dentro de la población” y por ello, el bandidismo contrarrevolucionario subsistió hasta 1965, siendo incapaz de articular una resistencia efectiva contra el Gobierno revolucionario, pero dejando una estela de muerte, asesinatos, secuestros, violaciones y desmanes, cuyos ecos de dolor resuenan aún en nuestros días.

El derrumbe del campo socialista y el recrudecimiento del bloqueo exacerbaron en EEUU efímeras esperanzas de que la Revolución no resistiera tales embates. El incentivo a la contrarrevolución y la inestabilidad interna en Cuba también recibió en esta etapa otra vuelta de tuerca, mientras las carencias económicas generaban en el pueblo descontento y dificultades en escala sin precedentes.

El objetivo de todo ello fue señalado por Fidel en su alocución al pueblo, a raíz de los sucesos del 5 de agosto de 1994. Fidel señaló: “Ellos, naturalmente, quieren que se produzcan escenas sangrientas, quieren que haya una balacera, que haya muertos, para utilizarlos como instrumento de propaganda, en primer lugar; como instrumento de subversión, y, finalmente, como instrumento de intervención en nuestro país. La estrategia imperialista es crear una situación, crear el máximo de descontento dentro de nuestro país, dividir a la población, crear las condiciones más difíciles posibles y conducir a nuestro país a un conflicto, a un baño de sangre. ¡Sueñan con eso, añoran eso!”.

Este breve resumen de la Guerra no Convencional contra Cuba fundamenta la necesidad de emplear con precisión las definiciones sobre este fenómeno y de construir nuestros propios conceptos, a partir de las experiencias de la aplicación contra la Isla de esta variante de agresión.

Tal objetivo adquiere mayor urgencia si, como resultado del recrudecimiento de la política agresiva de EEUU contra Cuba, y ya en los primeros días de una nueva administración en aquel país, se realizan esfuerzos para elevar la percepción de riesgo de nuestro pueblo y la alerta ante estas estrategias del imperialismo.

En el caso de la llegada al poder de Joseph Biden hay varias razones especiales. Fue el vicepresidente de Barack Obama, artífice del “nuevo rumbo para Cuba” que personalmente vino a pregonar a las calles de La Habana. Las lecciones del “cambio” que el “hermano Obama” promovió y su adopción de la Guerra no Convencional como estrategia política, no han perdido un ápice de vigencia.

Continuará…

Referencias y citas:

  1. C. Agee, Ryan y K. DuClos, Maurice (2012) Why UW: factoring in the decision point for Unconventional Warfare. Escuela Naval de Postgrados de la Marina de Guerra de EEUU, p 4.
  2. Publicación de Técnicas del Ejército 3-05.1 Guerra no Convencional (2013).
  3. C. Agee, Ryan y K. DuClos, Maurice (2012) Why UW: factoring in the decision point for Unconventional Warfare. Escuela Naval de Postgrados de la Marina de Guerra de EEUU, p 4.
  4. Alarcón de Quesada, Ricardo: Medio siglo de Revolución. Cincuenta momentos históricos, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2008, pp. 5-9.
  5. Valdés-Dapena Vivanco, Jacinto: Operación Mangosta. Preludio de la invasión directa a Cuba, Editorial Capitán San Luis, p. 8.

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