Cuba y la Guerra no Convencional (Parte 1)

Por: José R. Rodríguez.

La expresión “Guerra no Convencional” se ha usado para describir un tipo de confrontación que se remonta atrás cientos, sino miles de años y a través del tiempo los conceptos de guerra de guerrillas, guerra revolucionaria, guerra de partidos, pequeñas guerras, conflictos de baja intensidad, resistencia, insurgencia, guerra irregular e incluso terrorismo han sido, de alguna manera, intercambiables[1].

Quizás por desconocimiento, mala intención, poco rigor en la aplicación de los conceptos o posiciones ideológicas distintas, la mixtura de estos términos ha contribuido a la complejidad de la definición de Guerra no Convencional.

La mayoría de los términos aludidos están fuera de las definiciones que se consideran válidas y sería un error no trazar los debidos límites, o admitir otras que contribuyen a desmovilizar los esfuerzos de enfrentamiento a tales estrategias, al reducir de forma explícita su peligro o gravedad, tales como “golpe blando”, “golpe suave” o “lucha no violenta”, etc.

Para la búsqueda de la evolución conceptual de la Guerra no Convencional, es necesario remitirse a la doctrina militar de EEUU; al desarrollo de sus instituciones y dependencias gubernamentales, tales como la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Departamento de Estado, pero sobre todo, de las Fuerzas Armadas (FFAA).

La definición de Guerra no Convencional evolucionó con el tiempo. El concepto doctrinal inicial se originó con la creación de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), antecesora de la CIA, durante la Segunda Guerra Mundial. En ese contexto, la Guerra no Convencional estaba generalmente definida en términos de “guerrillas y operaciones encubiertas en territorio ocupado por el enemigo o bajo la influencia de este”. La primera definición oficial del Ejército de EEUU que abarcó aspectos de la Guerra no Convencional apareció en 1950 como “guerra de guerrillas” [3].

En 1955, el primer manual que vinculaba específicamente a las Fuerzas Especiales del Ejército de EEUU con la Guerra no Convencional (FM 31-20, “Grupo de Fuerzas Especiales”), declaraba: “La Guerra no Convencional incluye los tres campos interrelacionados de la guerra de guerrillas, escape y evasión así como subversión contra estados hostiles” [4].

Un poco antes, el 10 de junio de 1948, la Directiva del Consejo de Seguridad Nacional 10/2 (NSC 10/2)[5] establecía la creación de la Oficina de Proyectos Especiales dentro de la CIA, para planificar y conducir “operaciones encubiertas” y en coordinación con la Junta de Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, planificar y preparar la conducción de esas operaciones en tiempo de guerra.

La directiva NSC 10/2, definió las operaciones encubiertas como “todas las actividades conducidas o patrocinadas por el Gobierno de EEUU contra estados extranjeros o grupos hostiles, planificadas y ejecutadas para que la responsabilidad de EEUU no sea evidente y pueda ser negada de forma plausible en caso de descubrirse”.

Específicamente, incluía actividades encubiertas vinculadas con: “propaganda, guerra económica, acciones directas preventivas, sabotaje, demoliciones y medidas de evacuación; subversión contra estados hostiles, incluida la asistencia a movimientos clandestinos de resistencia, guerrillas y grupos de liberación”, así como apoyar elementos anticomunistas nativos en países amenazados del “mundo libre”.

En fechas tan tempranas, elementos conceptuales importantes de la Guerra no Convencional, tales como la subversión contra estados hostiles y la asistencia a movimientos de resistencia, eran incluidos dentro de las operaciones encubiertas de EEUU. Más adelante veremos cómo los esfuerzos de Guerra no Convencional pueden estar signados por procedimientos de guerra encubierta o abierta, al evolucionar el concepto y definirse mejor los límites respecto a otras operaciones. En estas primeras etapas, tales distinciones resultan difíciles.

En la doctrina militar la Guerra no Convencional se insertó en los procedimientos de las Fuerzas Armadas de EEUU como una actividad casi exclusiva de las Fuerzas Especiales. Su siguiente referencia se puede hallar en el Manual de Campaña (FM, por sus siglas en inglés) 32-21 “Guerra de Guerrillas y Fuerzas de Operaciones Especiales”, de 1961, donde se plantea lo siguiente: “Consiste en la interrelación de los campos de la guerra de guerrillas, la evasión, el escape y la subversión en contra de estados hostiles (resistencia). Las operaciones de Guerra no Convencional son conducidas en territorio enemigo o controlado por este, predominantemente por personal nativo usualmente apoyado y dirigido en grado variable por una fuente externa”[6].

La definición anterior se encontraba vigente cuando EEUU utilizó específicamente esta metodología contra la Revolución cubana luego de 1959, dando lugar a operaciones como “Pluto” y “Mangosta”, que la historia –incluidos los historiadores militares estadounidenses– recogen como importantes ejemplos de ejecución de la Guerra no Convencional.

El manual FM 31-21 “Operaciones de Fuerzas Especiales” de 1969, definía la Guerra no Convencional como las “acciones militares, políticas, psicológicas o económicas de naturaleza encubierta, clandestina o abierta, en áreas bajo el control real o potencial o la influencia de la fuerza de un estado cuyos intereses y objetivos son hostiles a los de EEUU. Estas acciones son conducidas unilateralmente por los recursos de EEUU o de conjunto con fuerzas locales, evitando la confrontación militar formal”[7].

Además de agregar otros procedimientos como son los de tipo económico, psicológico y político, este cuerpo doctrinal declaraba por primera vez uno de los objetivos principales de la Guerra no Convencional, el cual posee plena vigencia en la actualidad. Agregaba el referido Manual de Campaña que la Guerra no Convencional está dirigida a explotar “las vulnerabilidades militares, políticas, económicas y psicológicas del enemigo” [8].

De inmediato ampliaba que este tipo de guerra es implementada “brindando apoyo y dirección a fuerzas de resistencia nativas donde sea apropiado, o mediante operaciones unilaterales de fuerzas de Guerra no Convencional de EEUU. Su conducción involucra la aplicación de la guerra de guerrillas y aspectos selectos de subversión, guerra política, guerra económica y operaciones psicológicas de apoyo a objetivos nacionales”[9].

El análisis de estos primeros conceptos permite apreciar que, a pesar de tratarse de la doctrina militar y sus procedimientos de aplicación, así como de la ejecución práctica, los elementos de la Guerra no Convencional desde entonces comenzaron a exceder el alcance de las Fuerzas Armadas de EEUU e incluían acciones que necesariamente preveían la participación de otras agencias y dependencias del Gobierno de EEUU, donde paralelamente, tales actividades comenzaban a normarse y planificarse.

En 1987, en lo que pudiera considerarse un momento crucial en la comprensión por parte de EEUU de la importancia de este tipo de procedimientos para el logro de sus intereses, la Estrategia de Seguridad Nacional del presidente Ronald Reagan incluyó por primera vez a los “conflictos de baja intensidad”, como un elemento de la política de defensa de EEUU, alcanzando paridad con otros aspectos como el control de armas; la disuasión estratégica; el mantenimiento de la disuasión convencional; el espacio y las actividades de inteligencia.

Como parte de la Estrategia, quedó establecido que en el marco de esos conflictos, EEUU podía “apoyar a movimientos de resistencia selectos, que actuaran en oposición a regímenes contrarios a los intereses de EEUU. Ese apoyo sería coordinado con amigos y aliados y contendría elementos políticos, informacionales, económicos y militares” [10].

En junio del propio año, la Decisión Directiva de Seguridad Nacional 277 “Política Nacional y Estrategia para Conflictos de Baja Intensidad”, definió estos como una “confrontación político-militar entre estados contendientes o grupos, sin que constituya una guerra convencional, pero por encima de la competencia pacífica y rutinaria entre estados. Involucra la lucha prolongada de principios e ideología. Su rango abarca desde la subversión hasta el uso de la fuerza armada. Se realiza mediante la combinación de medios, empleando instrumentos políticos, económicos, informacionales y militares. Los conflictos de baja intensidad se localizan generalmente en el tercer mundo, pero contienen implicaciones para la seguridad regional y global”.

La inclusión de este tipo de confrontaciones en la Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU, resumía toda una época en la cual el imperialismo se había cebado en guerras intestinas en naciones del Sur político y había promovido el derrocamiento de Gobiernos con el empleo de métodos subversivos.

Comenzaba una nueva etapa, en la que tales métodos se perfeccionarían hasta arribar al estado que observamos en la actualidad. Importantes elementos derivados del análisis de los mencionados documentos, indudablemente enriquecieron la construcción conceptual de la Guerra no Convencional.

En primer lugar se planteaba un elemento crucial, que nos permite situar la Guerra no Convencional en la evolución de la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense. Según la redactada en 1987, el “tercer elemento de la política de EEUU hacia el tercer mundo incluye la asistencia económica y de seguridad. También tiene un profundo componente político: la descolonización, la autodeterminación y el apoyo para la evolución hacia la democracia”.

De acuerdo a los intereses de EEUU para la época, la materialización de los objetivos anteriores debía ser la derrota de los movimientos de liberación nacional que habían tenido lugar y todavía ardían en varias naciones; el aislamiento de la URSS y la obstaculización del avance de la ideología marxista-leninista, así como la agresión contra las naciones socialistas.

Para el logro de estos objetivos y otros, “el apoyo de EEUU a la democracia debía ser activo y visible”. Declaraban su interés en asistir cambios constructivos que condujeran a mayor estabilidad política, justicia social y progreso económico. “Pero esos cambios debían venir desde dentro, siguiendo el camino dictado por las tradiciones locales y nacionales. La paciencia, el respeto por diferentes culturas y el reconocimiento de sus limitaciones, debían guiar el esfuerzo” –planteaban.

La propia Estrategia definió el apoyo a “luchadores por la libertad”, como un instrumento de la política exterior y en tal sentido estableció que las herramientas de esta debían armonizarse con las necesidades especiales de aquellos que resistían a los regímenes al estilo soviético implantados en el tercer mundo. “EEUU tiene una larga historia de apoyo privado y gubernamental a grupos que buscan la independencia nacional y la libertad. Buscamos avanzar en la causa de la libertad y la democracia y demostrar a los soviéticos que sus acciones tendentes a diseminar el totalitarismo marxista-leninista no les traerá una ganancia duradera”.

Otro importante componente de la Guerra no Convencional fue declarado como parte de los “elementos políticos e informacionales del poderío nacional”.

Supuestamente en interés de contrarrestar la propaganda soviética, EEUU debía dirigir su estrategia política e informacional para alcanzar personas en “áreas denegadas”, particularmente la URSS y Europa del Este, para “incentivar la esperanza por el cambio y para educar al público en los beneficios de las instituciones libres”. Esto se puede lograr mediante los medios electrónicos, la prensa escrita y mediante el contacto e intercambio de ideas. El proceso de cambio gradual tendrá lugar adentro, pero el estimulante y la visión de cómo deben ser las cosas deben venir de afuera en una sociedad cerrada” –señalaba la Estrategia.

En la mencionada Decisión Directiva de Seguridad Nacional 277, se declaran igualmente las preocupaciones del Gobierno de EEUU para abordar los “conflictos de baja intensidad” como elemento inherente a su seguridad nacional. Tales conflictos –señalaba– pueden conducir a la pérdida de acceso a minerales y fuentes de energía; pérdida de bases militares (territorios para instalarlas); limitaciones de tránsito y acceso; amenazas a las líneas de comunicación marítimas; cambio de posición de amigos y aliados a posiciones contrarias a los intereses de EEUU; asalto a los principios democráticos; etc.

Por tal motivo el involucramiento de EEUU en conflictos de baja intensidad, incluía, según la Directiva, el apoyo a grupos de resistencia selectos y las “armas a emplear”, eran la información, la subversión, la restricción a recursos, la guerra de guerrillas, el terrorismo y la invasión.

La definición de “apoyo a los movimientos de resistencia” en esta Directiva aparece tachada en el documento original desclasificado.

En cualquier caso, al abordar la Estrategia de Seguridad Nacional de 1987 y la Decisión Directiva de Seguridad Nacional 277 del propio año, resulta evidente el aporte conceptual que en esta etapa se realizó al desarrollo de la Guerra no Convencional como variante específica de uso de la fuerza en interés de los objetivos estratégicos de EEUU.

No solo porque en la Estrategia se listan 66 términos alternativos o relacionados con la Guerra no Convencional[11], sino porque los métodos que se describen, específicamente en lo referente a los conflictos de baja intensidad y el “apoyo” a naciones del tercer mundo o a movimientos de resistencia, responden al accionar de desmontar Gobiernos adversos a fin de asegurar el control de EEUU sobre determinadas regiones o países. La Guerra no Convencional resulta el método primario mediante el cual se lucha en los conflictos de baja intensidad[12].

La expresión práctica de esta evolución conceptual, precisamente a finales de la década de los 80 e inicio de los 90, fueron las llamadas “revoluciones de colores”, que sentenciaron el desmembramiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, “convirtiendo” al neoliberalismo y subordinando al mercado y luego a la OTAN, a las naciones separadas de aquella comunidad, mediante “espontáneos” levantamientos internos, para los cuales, según historiadores, EEUU, sus agencias y aliados destinaron miles de millones de dólares.

Continuará…

Referencias y citas:

  1. C. Agee, Ryan y K. DuClos, Maurice (2012) Why UW: factoring in the decision point for Unconventional Warfare. Escuela Naval de Postgrados de la Marina de Guerra de EEUU, p 3.
  2. Enciclopedia Colaborativa Wikipedia, consultada el 18 de diciembre de 2014.
  3. Manual de Campaña FM 3-05.130 Guerra No Convencional de las Fuerzas de Operaciones Especiales del Ejército (2008).
  4. Ibídem.
  5. National Security Council Directive on Office of Special Projects NSC 10/2. Departamento de Estado. Oficina del Historiador. Extraído septiembre 15, 2014 de:
    https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1945-50Intel/d292
  6. Manual de Campaña FM 32-21 Guerra de Guerrillas y Fuerzas de Operaciones Especiales,
    1961.
  7. Manual de Campaña FM 31-21 Operaciones de Fuerzas Especiales, 1969.
  8. Ibídem.
  9. Ibídem.
  10. National Security Strategy of The United States. The White House.Enero 1987.
  11. Mayor Elek, E. Deborah (1994) Unconventional Warfare and the Principles of War, Cuerpos de Infantería de Marina de EEUU.
  12. B. Thompson, Loren, (1989) Low Intensity Conflict: The Pattern of Warfare in the Modern World, Lexington: The Georgetown International Security Studies Series, Lexington Books, pp. 145.

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