Cuba y las múltiples dimensiones de la guerra

«Nosotros nos tenemos que ubicar en un campo de batalla, donde la estrategia enemiga está demostrando ser: atacarnos por varios frentes y disparar por todos los flancos posibles».

Miguel Díaz-Canel Bermúdez

Editorial Red26.

La muerte -decía José Martí- “nos lleva el dedo por sobre el libro de la vida”, y esa, entre otras, es la razón de que el peligro del final definitivo de la existencia, sea una prueba inequívoca de que algo debe hacerse para enfrentar una realidad que amenaza, so riesgo de desaparecer o de que desaparezcan aquellos a quienes amamos.

La guerra -para la mayoría de la gente- está definida por su estrecha relación con la muerte violenta; por el ejercicio de la violencia entre bandos, grupos o Estados, para la preeminencia de una forma de pensamiento; de justicia; de intereses; de ambiciones, etc. Contiene en su seno fines políticos y es la política misma por otras vías, según los más esclarecidos pensadores de la historia militar, y por eso su fin es servir al comportamiento de los hombres, no siempre honrados y no siempre justos. Cuando pensamos en la guerra, vemos fuego, bombas y metralla; vemos sangre y disparos; vemos muertes violentas.

Pero la guerra no es solo eso y mientras más se adentra la humanidad en terrenos desconocidos de modernidad e interconexión multidimensional, se hace más evidente que la violencia no es solo apreciada a través de la sangre y el fuego; que la única forma de conquistar no es invadir y que -entre otras miles de realidades- se puede perder una guerra sin siquiera saber que estamos siendo agredidos.

La nación cubana nunca ha dejado de estar en guerra, desde que su pueblo triunfó en una etapa violenta, como resultado del levantamiento justiciero contra la dominación imperialista que, medio siglo atrás, había frustrado su independencia.

Con la Revolución en el poder, luego de 1959, la guerra solo modificó sus dimensiones y escenarios; la violencia cambió de intensidad; los métodos se hicieron distintos. Un recorrido por nuestra historia reciente ofrece las evidencias de las agresiones en múltiples escenarios de la vida humana, no siempre violentos, orientadas al logro del objetivo político de destruir la Revolución, obstáculo supremo de la pretensión histórica de dominación que sostiene el conflicto entre ambas naciones.

Cuba y EEUU, han estado en guerra desde que este último intervino en el destino de la primera y lo estań hoy, en algunos niveles que no son apreciables a simple vista, difuminados, ocultos y eclipsados por presuntas realidades; pero que debemos ser capaces de entender, para poder colocar el dedo “por sobre el libro de la vida”, esta vez, para evitar la muerte.

Si bien no se observan desde las costas las flotas yanquis flanqueando nuestros litorales, ni paracaidistas descendiendo sobre las capitales de provincias, los signos de la guerra de EEUU contra Cuba son abundantes e inequívocos.

Esta guerra no tiene como objetivo principal la invasión del país por tropas estadounidenses, conflicto en el que EEUU no estaría en condiciones de comprometer su presunta supremacía militar mundial, retada a diario por la pujanza de Rusia y China. En cambio, busca convertir en frentes nuestras calles; colocar en bandos distintos a grupos de nuestra población; y al pueblo y el Estado, e incentivar todas las formas de caos sistémico, que permitan al invasor dedicar únicamente esfuerzos a declararse soberano de las cenizas.

Se trata de un método que ha probado su efectividad. Durante décadas el imperialismo ha esquivado involucrarse en conflictos en el Tercer Mundo, utilizando todos los recursos de su poderío (economía, finanzas, comunicación, diplomacia, inteligencia, etc.) para modificar las realidades internas de países donde sus intereses se consideraron afectados. De esta forma, ha surgido una metodología para derrocar gobiernos «molestos», que en años recientes fue responsable de incendiar el Medio Oriente, y sacar del poder a “dictadores y tiranos” en esta y otras partes del mundo.

En América Latina, particularmente, varios países sienten en su carne el impacto de esta guerra y gobiernos legítimos como el de Evo Morales en Bolivia, han sucumbido al golpismo yanqui, bajo los esquemas de formas distintas de agresión, donde el culpable nunca muestra la cara y no necesita poner “botas en el suelo”.

Como quien analiza los indicadores climáticos para alertar la tormenta, los cubanos podemos ver cómo similares métodos de agresión a los que se aplican con éxito en otras latitudes, se ciernen sobre el pueblo de la isla, en escalas de recrudecimiento que nada tienen que envidiar a los peores años de la “guerra fría”. En conclusión, Cuba no estuvo nunca tan amenazada por tan variadas formas de agresión como hoy, y nunca, como ahora, han sido tan necesarios métodos multidimensionales y diversos de enfrentamiento a amenazas, riesgos y vulnerabilidades.

La maquinaria de agresión estadounidense contra Cuba tiene como frentes fundamentales el económico y el informacional, aunque en casi ninguna esfera faltan ataques y como rasgo fundamental, se observa la coordinación entre acciones, orientadas a reforzar con un componente, los impactos de las medidas generadas desde otro.

La agresión económica nos priva de combustibles; fuentes de financiamiento; inversionistas; mercados accesibles; divisas y créditos, etc.; mientras los recursos de la des(información) trasladan todas las responsabilidades derivadas de estas realidades, al Estado, para presentar sus consecuencias como evidencias de su supuesta “ineptitud” e “ineficacia”.

Cada gota de movilización interna es aprovechada, y cada causa con capacidad de convocatoria es intervenida y manipulada, para que todo lo acontecido dentro de Cuba, hasta los reclamos populares legítimos propios de todo sistema político, sean leídos como antigubernamentales.

La verdad no existe. Lo extraordinario es invisible y todo es válido si de erosionar el ánimo de los cubanos se trata. Tenemos que acabar de comprender el campo de batalla en que nos movemos. Anticiparnos, prever y aventajar. No esperar la tormenta con los brazos en cruz, como dijera el Apóstol de nuestra independencia.

La defensa de la paz y el futuro de la nación deben ser como las agresiones contra estas: multidimensionales; diversas y creativas. Como en la naturaleza, la vida estará definida por su depredación. La vida se adaptará, evolucionará y asumirá el esfuerzo de sobrevivir, o no tendrá derecho al futuro.

!Viviremos y Venceremos”! Ha dicho el Presidente de la República, asumiendo la misión de continuidad que toca a nuestra generación, de defender la obra sagrada edificada, también con la valentía de cambiar lo que se precise para que la obra pueda continuar, sin contratiempos. Uno de los cambios más urgentes radica en la forma de interpretar y asumir las múltiples y simultáneas agresiones de nuestros enemigos. Para ese esfuerzo, al que dedicaremos futuras páginas, queremos tener en cuenta tu opinión.

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