La reelección se aleja cada vez más de Trump: los militares no están contentos.

Que la máxima autoridad militar de EEUU, el presidente Donald Trump, amenazara con usar a las Fuerzas Armadas (FFAA), de forma violenta, para reprimir protestas legítimas por el asesinato de un ciudadano negro a manos de la policía, pudo haber colmado la copa de un importante sector dentro del estamento militar del imperio, que reconoce el retroceso moral que ha acontecido bajo el mandato del magnate, y que amenaza ahora por afectar un pilar del sistema: el prestigio de las FFAA a lo interno de EEUU.

Es que todo tiene límites y si se trata de las normas de equilibrio imperial, estos están bien claros. Si bien Trump ha tenido suerte rozando los bordes del desastre, para muchos ya su liderazgo experimenta una caída descontrolada, que ningún milagro publicitario podría evitar. En resumen: el magnate es cada día el Presidente de una menor cantidad de estadounideses, y si esa realidad se afirma dentro de las FFAA, sería irreversible.

Los signos han comenzado a mostrarse inequívocos y no pueden ocultarse. Recientemente, Trump y su «staff» protagonizaron una caminata en Washington para que el mandatario se tomara una foto frente a la iglesia de San Juan, cerca de la Casa Blanca. Ese 2 de junio, las fuerzas del orden desalojaron violentamente una manifestación pacífica, para que el Presidente pudiera dar su paseo plubicitario. El hecho fue condenado incluso por las autoridades religiosas y sigue sonando hasta hoy.

Una de las agravantes desde la perspectiva del ciudadano estadounidense, fue la presencia en la comitiva (en uniforme) del Jefe del Estado Mayor Conjunto de las FFAA de EEUU, el General de cuatro estrellas Mark Milley, a todos los efectos máximo cargo militar del país, así como del Secretario de Defensa, Mark Esper.

El hecho fue calificado por la gran prensa de ese país como una “politización” de las FFAA, y una afrenta a la «confianza civil» en los militares, debido a que involucró la represión con gases y vehículos, de “derechos humanos” consagrados en el discurso de EEUU: la legítima protesta y la libre reunión.

El 11 de junio, se hizo viral el video del General Milley arrepintiéndose de su presencia en el lugar y reconociendo su error al acompañar al Presidente a esa actividad. ¿Una toma de distancia? Quizás. Pero lo cierto es que no es buen augurio para los planes del magnate.

El próximo 13 de junio Trump debe dar un discurso a los graduados de la flamante academia militar de West Point en su graduación, como han hecho otros presidentes antes que él. Para ello, mil cadetes fueron llamados al campus de la universidad bajo críticas por los riesgos de contagio a causa de la COVID-19 y hasta ahora la ceremonia no anuncia cambios.

El 11 de junio, esos cadetes que pronto se graduarán para engrosar las filas de oficiales de las FFAA de EEUU, recibieron una carta firmada por 506 egresados de esa escuela militar, entre 1964 y 2019, o sea, durante 10 administraciones estadounideses.

La carta, cuyos autores no pueden ser acusados de tendencia a la izquierda, comienza aludiendo a los 110 mil muertos en ese país a causa de la pandemia y la crisis nacional debido al desempleo y factores como la “injusticia racial, social y humana”. Para ser exactos, lo definen así: “la desesperación, el miedo, la ansiedad, la ira y la impotencia son la existencia diaria de demasiados estadounidenses”.

Mas adelante señala: “Hoy, nuestras aspiraciones constitucionales siguen sin cumplirse. El aborrecible asesinato de George Floyd ha inspirado a millones de personas a protestar contra la brutalidad policial y la persistencia del racismo. Lamentablemente, el Gobierno ha amenazado con usar el Ejército en el que ustedes sirven, como arma contra los estadounidenses que participan en estas protestas legítimas. Peor aún, los líderes militares, que hicieron el mismo juramento que ustedes hoy, han participado en eventos políticamente cargados”.

La carta es un llamamiento a buscar un nuevo rumbo moral en el seno de las FFAA, que se aparte del curso de la actual administración, aunque ello para nada quiera decir que los graduados dejarán de invadir países para impulsar intereses trasnacionales, al estilo Iraq y Afganistán. Ese es otro tema.

Está repleta además de referencias al carácter no político de la institución castrense y en lo que parece una clara referencia a Trump, hablan de “líderes que traicionan la fé pública a través de la retórica engañosa, las objeciones o la apariencia de un comportamiento poco ético”.

La reacción de los cadetes la sabremos en pocas horas, cuando la televisión y los medios sociales enfoquen sus caras o aplausos durante el discurso o quizás, previendo la tormenta, el magnate decida no salir a pescar publicidades.

En fin, todo parece indicar que al actual Gobierno de EEUU, cuya agresividad contra Cuba ha tocado límites sin precedentes, no tiene buenos números de cara a una eventual reelección. En concreto, Donald Trump no es solo una mala opción para Cuba, si fuera necesario enfrentar un nuevo período de cuatro años, bajo el actual esquema de asedio, sino además, un mal líder, en todos los sentidos, para su propio país, y la reacción de sus FFAA está llenando la copa.

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