Petróleo no deseado en el mar: una bomba de tiempo ecológica.

Por: José David País Santamaría.

Unos 20 millones de barriles de petróleo flotan hoy a la espera dentro de sus tanqueros, mientras la demanda mundial de crudo se ha desplomado a causa de la pandemia de coronavirus, la cual ha sacado de las calles a los autos y ha reducido en gran medida el consumo de combustibles fósiles a escala planetaria.

El impacto de esta situación en la descontaminación de los cielos ha sido enorme, siendo registrada por los científicos la desaparición de masivas nubes de gases carbónicos sobre los cielos de las regiones más industrializadas, ante el desplome del tráfico aéreo y la reclusión generalizada de la humanidad a causa de la COVID-19.

No obstante, el bajo precio que experimenta hoy el petróleo y la urgencia de almacenar grandes cantidades en buques (un 300 por ciento superior a las normales), provoca otra potencial emergencia ecológica que no puede ignorarse y requiere de previsiones en la comunidad internacional.

Solo en las costas de California, EEUU, más de 30 enormes tanqueros se hallaban anclados para el 29 de abril, convirtiédose en el almacen flotante de combustible más grande del planeta. La situación también genera concentraciones inhabituales de buques petroleros en zonas reducidas, como las costas de Singapur, lo que tiene un impacto en la seguridad de la navegación, sobre todo por las dimensiones de estos barcos, los más grandes de los que surcan los mares.

Al mismo tiempo, países como Cuba se encuentran imposibilitados de aumentar sus importaciones de crudo, porque la mayoría de este petróleo «no deseado» se traslada en buques que tienen prohibido tocar puerto de la isla, a causa de las medidas de bloqueo impuestas por EEUU.

La misma lógica egoísta de las sociedades capitalistas, no permitirá la redistribución de estos recursos, hacia regiones más necesitadas, sin tener en cuenta que los costos de almacenamiento en el mar, probablemente sean mayores que vender a precio de risa o regalar el crudo. Las pérdidas financieras de los estancamientos, puede provocar que ciertas compañías decidan vaciar sus buques en zonas alejadas del océano, para evitar millonarios costos de estadías en puerto, prolongable esta última mientras la crisis de salud esté vigente, sin una fecha aún a la vista para el regreso a la «normalidad».

Por absurdo que parezca, esta acumulación de recursos energéticos altamente contaminantes donde no se necesitan, pone nuevamente en evidencia la desigualdad planetaria impuesa por el sistema imperante. El capitalismo es el mayor responsable del deterioro de las condiciones de vida del planeta; la extinción de sus especies; la contaminación de tierras y mares; el cambio climático, etc.

Y si una catástrofe fortuita o intencional, derramara masivas cantidades de crudo, en un océano ya atestado de plásticos y contaminado, la culpa también sería de las sociedades de consumo y su esencia inhumana. Ojalá y el buen juicio y la cordura se impongan, por el bien de los mares, para no tener que ver jamás la triste escena del azul manchado de negro, para muchos, la más tristes de las imágenes.

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