EEUU y su “escuadrón de acorazados” contra Venezuela.

Editorial Red26

“No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados”.
José Martí

El Gobierno de EEUU acaba de elegir su curso de acción para tratar de rescatar la imagen del presidente Donald Trump, devastada por un inefectivo y desastroso manejo del enfrentamiento a la pandemia del nuevo coronavirus.

Sin un ápice de originalidad, la Casa Blanca vuelve al guión de la guerra para elevar cortinas de humo y -como podía esperarse- será Venezuela donde se saciarán en esta ocasión las ansias de aventuras del Pentágono.

Pretexto: la lucha contra el narcotráfico. Añeja razón para justificar la presencia de las FFAA de EEUU en Nuestra América y motivo de intervenciones y operaciones oscuras contra naciones soberanas (Ver Panamá, 1989) y líderes sociales, acusados de vínculos con la droga.

Lo cierto es que EEUU es el mayor mercado global de narcóticos y que sus políticos y autoridades están en la nómina de los carteles, que cuentan con modernos medios de contrabando (incluídos submarinos y aviones) para asegurar un flujo de toneladas de estupefacientes, a ser consumidos por las clases ricas en las capitales mundiales del ocio.

La cocaína se cultiva a la vista de todos en campos interminables en Colombia, protegida por bandas de paramilitares, secuestrando la política de ese país, al generar un esquema de corrupción que llega a las capas superiores de Estado, mientras se elimina toda oposición a esta situación, con asesinatos diarios de líderes sociales y activistas populares.

EEUU sabe todo eso, y sabe también que esa situación justifica su uso de Colombia como un satélite en Suramérica, para garantizar sus intereses. En este caso, el pretexto del narcotráfico viene como anillo al dedo para cercar las reservas de petróleo más abundantes del mundo, culpando a Venezuela de un mal que existía mucho antes de que la nación bolivariana eligiera su rumbo socialista y que ha combatido ejemplarmente, al estar rodeada de las principales autopistas de las drogas, cuyo punto de partida es precisamente Colombia.

De esta forma llegamos a la decisión de deplegar “buques, aeronaves y fuerzas de operaciones especiales para combatir el narotráfico y los actores malignos”, un discurso formalizado para ser aceptado por públicos que por décadas han sido bombardeados con todo tipo de contenidos, para aceptar como culpable a Caracas de todos los males del continente. Y si no fuera suficiente, la puesta en escena es antecedida por la presentación de cargos penales contra el presidente Nicolás Maduro y miembros de su gabinete, por “vínculos con el narcotráfico”.

¿Hay que ser científico para darse cuenta de lo que están haciendo? ¿Es difícil percatarse del hilo conductor de los acontecimientos?

En plena pandemia, urgido de apartarse de la caída en picada que su mala gestión le asegura, Trump acepta el plan de sus asesores de Miami y cumple el sueño de Marco Rubio, Scott, Bolton y Pompeo, de usar la fuerza de las armas imperiales contra Venezuela, mientras aprieta la tuerca a la patria de Bolívar, asediada por el bloqueo, las sanciones y la COVID-19.

Hace apenas 24 horas, un sospechoso incidente acabó en el hundimiento de un patrullero venezolano por un buque civil que no quiso ser requisado en aguas cercanas a Venezuela. ¿Qué tenían que ocultar? ¿Qué hacía un crucero de paseo con capacidad para 14 lanchas rápidas cerca de las costas de Caracas en medio de una pandemia que ha llevado a todos los buques de esta clase a puerto seguro?

Las respuestas saldrán pronto a la luz. Todo forma parte de un mismo plan y en días sucesivos veremos su desenvolvimiento. Reiteramos ahora las alertas de un artículo(1) publicado en este blog hace poco menos de un año, que no sería ocioso releer:

El tiempo es corto y el plan parece estar totalmente montado. Podemos esperar la tormenta con los brazos en cruz o, como enseñara Martí, flamear estas ideas con energía frente al mundo; llenar de argumentos la justicia de nuestra causa; usar la ofensiva como defensa; levantar la guardia y mostrar la fuerza de nuestra resistencia unida.

No hay otro camino. No hay otra vía. Después será demasiado tarde. Hay que parar ahora, mientras se cierne sobre nosotros como la sombra de una tormenta eterna y con la contundencia de la bandera mística del juicio final, al escuadrón de acorazados.

Referencias.

  1. Nuestra América y el “escuadrón de acorazados”, disponible en: https://red26.home.blog/2019/05/09/nuestra-america-y-el-escuadron-de-acorazados/

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