La verdad y los colores del mundo en tiempos de coronavirus.

Por: Equipo Red26.

Desde la aparición del brote de coronavirus en China el 1 de diciembre de 2019, las medidas de respuesta adoptadas por la nación asiática para el control de la enfermedad fueron ejemplares y probablemente, hayan salvado a la humanidad de una propagación explosiva de proporciones inimaginables.

Durante varios meses, China aguantó casi todos los golpes “por el equipo”, como se dice en el deporte, mientras las cifras de muertes y contagios aumentaban por día, y la xenofobia crecía en el mundo, que asociaban a este país con la enfermedad, sin sospechar aun las realidades del origen de la pandemia.

Tras varios meses de arduo trabajo y un despliegue de eficiencia organizativa, movilización social y voluntad política impresionantes, la tierra de Mao Zedong controló la epidemia y redujo su expansión, al punto que ahora, se dedica a trasladar sus experiencias y ayudar a otros pueblos que están bajo pleno azote de la tristemente célebre “neumonía de Wuhan”.

Debe tenerse en cuenta que todo esto, fue logrado por China en medio de las migraciones masivas más grandes del planeta, pues el pico de la enfermedad, coincidió con el Festival de Primavera que marca el inicio del año lunar, donde las familias se reúnen y se desplazan por millones, hacia sus pueblos natales.

Los hechos, a la luz de hoy, ponen de relieve cuan débil es el capitalismo, como sistema, a todo problema que requiera priorizar a los seres humanos por sobre los intereses del mercado y las ganancias. Los ejemplos más ilustrativos, provienen del país que se autoproclama como modelo universal de democracia y libertades, y que impone su “sueño” de nación, para ocultar la pesadilla de la realidad que es la sociedad estadounidense actual.

Podría provocar risa si no fuera un tema tan triste, observar que el desorden y la incapacidad imperial en enfrentar la pandemia, han provocado que incluso su Presidente podría haberse contagiado, encabezando una lista que incluye a su hija, asesores, congresistas y jefes militares.

Hace poco se supo que el jefe del Comando Sur, Almirante Craig Faller, se encuentra bajo observación luego de su reunión con Jair Bolsonaro, quien también se sometió a pruebas luego que un miembro de su equipo resultara positivo al COVID-19. Faller y Bolsonaro se reunieron en Miami, luego que el mandatario brasileño pasara la noche junto a Trump, en medio de una gira antivenezolana. Hasta ahora, el magnate presidente de EEUU se muestra extrañamente inmune al virus, no así otros miles de ciudadanos estadounideses, que por días se contagian en una sociedad donde el test depende de un seguro médico del cual millones carecen.

El virus ha puesto de cabeza la administración imperial: ha detenido la campaña política, al impedir los “rallys” que tanto gustan al magnate para montar sus discursos triunfalistas ante multitudes de “ciegui-dores”; ha detenido planes de ejercicios militares; reducido la movilidad de las Fuerzas Armadas, cuyas bases en Corea del Sur e Italia están en los puntos rojos de la pandemia; ha lanzado al sótano los índices industriales de la bolsa de New York (Dow Jones) a su marca más baja desde el lunes negro de 1987, pulverizando el discurso de economía en ascenso sostenido por Trump; y entre otros muchos argumentos, ha demostrado que ni siquiera al más alto nivel, la nación más poderosa del planeta puede proteger a sus ciudadanos de una enfermedad como esta, de cuya magnitud no tienen ni idea.

A lo largo de dos semanas hemos visto (a un Tump triunfalista que aseguraba que “todo estaba bien”, hacer reuniones con todos los jefes de compañías cuyas ganancias son golpeadas por la epidemia, empezando por los dueños de las aseguradoras de salud, el llamado “medicare”, y con dueños de cadenas de supermercados como Walmart o la gigante de las comunicaciones Google) “convertirse” en un Presidente ineficiente, anulado por la crisis que lo supera con creces a Él y a su equipo. Este hecho no ha dejado de ser aprovechado por sus adversarios políticos para sacar jugos de campaña, en especial viejos lobos como Joe Biden, quien ha aprovechado para hacerse ver más “presidenciable”.

El Trump de hoy cae en picada en la misma proporción que el coronavirus avanza, en una guerra que no pueden ganar con bombas, pues el pueblo de EEUU no perdonaría jamás que su Gobierno los desampare y vaya a ocuparse de guerras en otras partes mientras un asunto doméstico tan relevante se impone.

Los hechos presentan la diferencia abismal entre sistemas y la fortaleza del Socialismo, frente a un vocero del anticomunismo como Trump, que todos los días promete acabar con la idelogía revolucionaria, cuando ni siquiera puede controlar el coronavirus en su propia casa.

Declaró la emergencia nacional y con ello liberó 50 mil millones de dólares destinados a la Agencia de Control de Emergencias de EEUU (FEMA, por sus siglas en inglés). Muchos ya se preguntan en qué usará el magnate esas abrumadoras cantidades. ¿Las destinará a su añorado muro? ¿Irán a sus cuentas personales? ¿Se despilfarrarán en tomar medidas para proteger a los ricos mientras los pobres abarrotan los hospitales de las zonas más humildes? Nadie sabe.

Algo si sabemos. En China ningún líder estatal estuvo expuesto a la enfermedad; el Ejército Popular de Liberación no solo no perdió sus capacidades combativas, sino que lideró la ofensiva contra la epidemia y ahora la nación asiática encabeza la respuesta global contra esta enfermedad, en la cual, por cierto, una pequeña isla del Caribe, también socialista y con escasos contagios, juega un papel destacado.

La jornada casi acaba y nos enteramos que la región italiana de Lombardía, epicentro de la epidemia en ese país, acaba de pedir la ayuda de Cuba, China y Venezuela para luchar contra el coronavirus, esto luego de que EEUU cerrara sus fronteras a Europa y abandonara a su suerte a los “aliados”.

Pues nada, el coronavirus se ha convertido en una prueba para la humanidad por contraste, como hacen los indicadores en la Química. Mientras en las capitales del mercado y el consumo avanza la oscuridad, las naciones socialistas brillan por su obra y ejemplo. Los hechos en tiempos de coronavirus, han sacado a la luz la verdad del mundo y no podemos dejar de decirla.

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