La unidad que nos legó Martí.

Hoy es 24 de febrero. Un día para pararse frente a la historia con la cabeza descubierta y la mano al pecho; un día para pensar en Martí.
La Revolución, levantada por un Partido que «nació uno, de todas sus partes a la vez», volvía a la manigua en la necesaria y eficaz guerra, que debía, ágil y tajante, fundar los pilares de la República.
A la obra pues, volvían los hombres a pelear, juntos, por Cuba.
Desde entonces y hasta hoy, sin murallas como la homérica Troya, los cubanos vivimos en una tierra inconquistable por la fuerza de las armas.
Los planes de invasión que EEUU preparó para Cuba luego del triunfo de la Revolución, cuyos detalles se desclasificaron hace poco, prevían masivas cantidades de hombres y recursos, de todos los servicios armados y la Revolución era muy joven, aún se encontraban en estado incipiente, nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias y nuestras milicias.
Eso hace que nos preguntemos: ¿Cuanto le haría falta hoy a nuestros enemigos para emprender una aventura de conquista?
Las últimas invasiones en las que se involucró EEUU (Iraq y Afganistán) mantienen hasta hoy las huellas psicológicas en esa sociedad y tras casi 20 años, todavía permanecen tropas yanquis empantanadas en esos países, sin haberse logrado muchos de los objetivos de los invasores.
Por estas razones y tantas otras, hoy EEUU es incapaz de cambiar el destino de un país solo por la fuerza de sus armas. No sin desgastar sus «flamantes» ejércitos de tal manera, que serían pan comido para adversarios de peso pesado como Rusia y China.
Al observar estas realidades es fácil entender por qué durante décadas han empleado otros métodos, cuya esencia queremos exponer en este artículo, como modesto homenaje al día del reinicio de nuestras luchas.
¿Cómo invadir un país sin utilizar tropas?
¿Cómo conquistar una nación sin tener que invadirla?
La clave, para EEUU, ha estado siempre en el principio de «divide y vencerás». La clave ha radicado en quebrar la unidad y los consensos dentro de los pueblos, como tantas veces han intentado hacer en Cuba.
La única fuerza invasora que ha intentado pisar tierra cubana después del 1959 estuvo compuesta por cubanos. Los manuales de EEUU sobre Guerra no Convencional citan a la Operación «Pluto» entre los ejemplos selectos de campañas irregulares promovidas por Washington.
El fracaso en menos de tres días obligó a reforzar las agresiones, y nuevamente fueron cubanos los alzados en nuestros campos contra la Revolución naciente, cuyos desmanes están bien descritos cada sábado en «LCB», la serie sobre «la otra guerra».
El trabajo sucio para retomar los destinos de Cuba fue tempranamente otorgado por EEUU a la contrarrevolución, y de esa forma cubanos fueron responsables de asesinar a sus compatriotas; de planificar atentados y derribar aviones en pleno vuelo; de ametrallar poblados; de secuestrar barcos sobre el cadáver de jóvenes; de sabotear, robar, piratear y más recientemente, de ultrajar bustos de José Martí, para complacer las campañas de información de sus patrocinadores al otro lado del estrecho de Florida, muchos de ellos, también cubanos de cuna.
En nuestra historia, esta realidad tiene sólidos fundamentos, profundamente analizados por Martí. Allí donde nos hemos dividido o nos hemos traicionado, las consecuencias para la Patria han sido funestas. La unidad ha sido siempre y será, un arma estratégica.
Fueron cubanos los sediciosos y regionalistas de la guerra grande; el delator de Céspedes para que la tropa española llegara a San Lorenzo; el verdugo que remató a Martí, en el sagrado suelo de Dos Ríos. El cuerpo de voluntarios que ensangrentó la noche habanera del teatro Villanueva y los que en turba criminal pasaron por las armas a ocho estudiantes de medicina, estaba compuesto por cubanos.
Fueron cubanos los tiranos de la pseudorepública, Machado había sido mambí y Batista un holguinero de cuna humilde; fueron cubanos los chivatos que entregaron a cientos de vidas clandestinas a las hordas de la tiranía y los propios carniceros de los cuarteles, que extirparon ojos y cercenaron genitales, eran cubanos.
Cubanos han sido los corruptos, los vendepatria, los desertores, los que han cambiado honor por dinero y los que a la luz de hoy, encandilados por el consumo y el capital, están dispuestos a ceder la soberanía de la Patria a cambio de luces de neón y pacotilla.
Por eso hay que entender el supremo mensaje de Martí con la fundación de un Partido y la promoción de una guerra justa donde tuvieran derecho a pelear todos los cubanos.
La unidad es la fuente de nuestra fuerza y nuestro derecho como nación a reclamar un justo lugar en la historia. Este país, inconquistable por la fuerza, lo será siempre que sus hijas e hijos estén juntos, en armonía, trabajando para lograr la prosperidad de la nación.
Toda intención y acción enemiga, de adentro o de afuera, estará dirigida siempre contra nuestra unidad, para separar a las familias; a padres de hijos; a jóvenes que se aman; a niños de ancianos.
No permitamos que pase. Tenemos la suerte de haber tenido a Martí. Hay que amarse, abrazarse y juntarse, en la pasión por Cuba, para seguir peleando por el futuro.

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