Ser o no ser: la martiana cuestión.

Por: Jose David País Santamaría.

«Tu que eres martiano» escucho, y no puedo dejar de pensar que tal rasgo se aborda a veces como una condición de excepcionalidad. ¿Acaso es martiano solo aquel que muestra conocimiento sobre la vida y obra del Maestro? ¿Acaso es esto suficiente?

Los ataques a la figura de José Martí no comenzaron con el vandalismo de unos funestos «clandestinos» a inicios de 2020. Durante décadas, el Maestro ha sido el núcleo de una cruenta batalla ideológica, donde la narrativa contrarrevolucionaria busca separarlo de la Revolución, como si no hubiera sido esta su creación.

La estrategia tiene como base un reconocimiento tácito de la importancia de Martí para Cuba. El mismo reconocimiento que llevó a Barack Obama a iniciar su discurso del 22 de marzo de 2016, con la frase: «cultivo una rosa blanca», para luego citar al Apóstol en otras dos ocasiones.

Cuando la Junta de Gobernadores para las Transmisiones (BBG, por sus siglas en inglés) del Departamento de Estado de EEUU creó la Oficina de Transmisiones hacia Cuba, eligieron el nombre sagrado del Maestro para sus más importantes emisoras de radio y TV. Ese esfuerzo subversivo llega hasta nuestros días, con un presupuesto que ronda los 30 millones de dólares y donde el principal músculo se destina hoy al ciberespacio, con decenas de sitios en Internet.

El discurso de la contrarrevolución tiene como objetivo principal oponer a Martí al rumbo nacional posterior a 1959. Sustraer la esencia, el vínculo martiano que nos condujo al Moncada y a toda la obra construida después. Se pretende, esencialmente, proyectar una presunta oposición entre el proyecto de nación añorado por el Maestro y nuestro Socialismo, tratando de convertir a Martí en un enemigo de estas ideas.

Para ello se usan frases entrecortadas, extraídas con pinzas en textos que se descontextualizan; citas malintencionadas o modificadas. Se utilizan partes de las escenas norteamericanas para presentar en Martí a un admirador del capitalismo, dejando de lado, con toda intención, su extensa obra antiimperialista.

Abundan en las redes sociales los personeros de la antimartianidad, que atacan en enjambres cada imagen revolucionaria del Maestro, para presentarlo estéril, ajeno, burgués.
Y eso nos obliga a volver a la martianidad. Condición a la que contribuye la primera Edad de Oro que siendo niños los padres colocaron en nuestras manos y las lecciones del sabio maestro al inquieto adolescente.

Desde pequeños nos envuelve, como dijera el sabio, y su obra sostiene los pilares de la República, al aportar los fundamentos éticos y políticos de la nación que emergió de la Revolución.
Y esta es precisamente la causa del ataque a José Martí.

Es entones para Cuba la martianidad una condición de existencia, no una excepción. Para los cubanos, ser martianos es una condición de salvación y continuidad, un requisito de Patria. Algo que no podemos dejar de ser, sin desaparecer por completo.
Si nos quitan a Martí, si lo olvidamos, lo perdemos todo. Si lo condenamos al busto frío o a la cita casual y mecánica; si lo sacralizamos en exceso, separándolo de su condición humana; si lo relegamos a la rutina, la monotonía y la frialdad de la instrucción formal, perdemos a Martí.

Por eso la martianidad es para Cuba un requisito de futuro. Sin Él no vamos a ninguna parte, con Él, la obra es sólida y eterna.

Entonces, por supuesto, hay que enfrentar el cobarde ultraje ocasional de los enemigos de Martí y de Cuba, pero más aún, inclusive cuando -como hizo Obama- lo alaben y lo usen para tratar de endulzar nuestros oídos en la batalla por nuestras almas, hay que saber a Martí, y defendernos con Él, de los enemigos de Cuba.

Con estas ideas en mente, en el día de su natalicio, el equipo de Red26 hace suyas las palabras del profe Manuel, que llegaron por mágica casualidad en el capítulo de «Entrega» transmitido la noche de la Marcha de las Antorchas: a los jóvenes cubanos, por favor, por favor, por favor, lean a Martí.

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