Donald Trump y la muerte de la ética.

Por: José David País Santamaría.

El magnate egocéntrico que habita la Casa Blanca desde hace tres años y aspira a continuar haciéndolo, ha colocado la ética de la política estadounidense en su nivel más bajo en la historia.

Acostumbrado a cometer actos de baja catadura moral en virtud de intereses espurios, EEUU ha visto desfilar gobiernos capaces de bombardear pueblos enteros con absurdos pretextos y realizar todo tipo de actos para complacer a sus trasnacionales.

Trump no es diferente a sus antecesores, pero los límites de su inmoralidad y ausencia de principios, no son aún perceptibles. Pareciera que es capaz de todo.

Nos encontramos frente a un Presidente imperial que toma decisiones complejas sobre el uso de la fuerza y luego utiliza argumentos de un niño de cinco años para justificarse.

Un individuo que miente ante cada suceso y no repara en disculparse cuando la verdad se abre paso, tímida, entre la densa niebla de los medios.

De tal manera, solo en tres años, Trump ha hecho cosas como:

Acusar a Cuba de ataques acústicos a diplomáticos yanquis aquí; reconocer un falso presidente en Venezuela; reubicar sus tropas en Siria, tropas que prometió retirar, para secuestrar campos de petróleo; chantajear a un presidente (Ucrania) para obtener ventajas políticas contra sus adversarios; asesinar a un general de una nación soberana fuera del campo de batalla y justificar el acto con mentiras sin sentido; colocar a su país al borde de una guerra para desviar la atención de la opinión pública sobre el juicio en su contra; y la lista continuaría, hasta hacer de este artículo un compendio de cien páginas.

Lo más peligroso en este caso es que el magnate ha hecho todo eso rodeado de gente dispuesta a apoyar sus decisiones y los que se han negado ya no trabajan para la Casa Blanca.

De tal modo, la baja catadura moral se ha extendido por toda la administración y ya no hay ningún adulto dentro del círculo de poder imperial, capaz de aportar sentido común, a una turba de adolescentes eufóricos jugando con un maletín nuclear.

Por este camino, no sabemos que podría pasar con el planeta si logra reelegirse y permanecer en el poder, un individuo que niega el cambio climático; que construye muros para tratar como animales a emigrantes y que ataca con saña todo lo que no parezca blanco y sajón, a su imagen y semejanza.

Algo si es cierto, el mundo será un lugar menos seguro mientras permanezca en el poder alguien así.

No parece haber nadie entre sus oponentes con suficientes seguidores en Twitter como para desbancarlo y el impeachment no apunta a su remoción, acurrucado por su Partido.

Por ahora el bufón seguirá al frente de la Corte y el llanto se mantendrá dueño de la situación, porque no dan risa los chistes de este payaso real.

Habrá que exclamar algún día, con alivio y orgullo, que nosotros vivimos en el tiempo en que gente como Trump torcía los destinos del mundo, y sobrevivimos.

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