La Guerra Necesaria, un referendo histórico y la paz en Nuestra América.

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Por: José David País Santamaría.

¿Qué tienen en común estos tres elementos? ¿Qué fuerza los vincula en el devenir de nuestros pueblos y los ata al mismo destino compartido, por el que dieron la vida nuestros libertadores?

Lo primero que me viene a la mente es el nombre de José Martí. El propio Maestro me da los argumentos para tal relación. “Para impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América” –escribió, horas antes de sellar con su sangre ese compromiso, al cual, según declaró, había dedicado toda su vida: “cuanto hice hasta hoy y haré, es para eso”.

La independencia de la Isla sería el obstáculo a la dominación continental que ya se veía venir desde las entrañas de nuestro poderoso vecino. La “guerra necesaria”, en su ágil arremetida, barrería con la dominación colonial y permitiría al fin, al pueblo de Cuba, la edificación soberana de una nación “con todos y para el bien de todos”, la República que habría de tener por base “el carácter entero de sus hijos”; “el ánimo de trabajar con sus manos y pesar por sí propio”; “el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás”, “la pasión, en fin, por el decoro del hombre”, para valer –esa República– las lágrimas de nuestras mujeres y la sangre de nuestros bravos.

Y para esa República se hizo la Guera Necesaria. Para ella y para asegurar la independencia de las tierras de Nuestra América, sueño que se vio frustrado por la intervención, y que debió aguardar otro medio siglo para ver la luz, con el triunfo de la Revolución liderada por Fidel Castro, en nombre de Martí. “Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro” –había dicho en el juicio del Moncada.

Por eso la relación entre los tres elementos citados en el título es tan estrecha y José Martí la sintetiza.

Cuando los cubanos salgamos este 24 de febrero a las urnas a votar por nuestra nueva Constitución, lo haremos en honor a los que 124 años atrás se alzaron en armas por los mismos ideales que esta Carta Magna pondera y defiende.

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La tinta con que se redactan sus postulados, contiene la sangre de sucesivas generaciones de cubanos y el sudor del sacrificio de un pueblo que lo ha soportado todo, y no ha renunciado a su rumbo socialista. Debiera ser esa suficiente prueba de inquebratable voluntad, para los que desde el Norte llevan décadas exigiendo y conspirando por un cambio de curso.

Pero el voto de este 24 de febrero tiene aun mayor significado y simbolismo que el enunciado hasta ahora. Nunca antes como hoy estuvo Nuestra América en su historia reciente al borde de una guerra de proporciones inimaginables. Nuevamente el neoliberalismo extremo y la demencia capitalista proclaman el fin del Socialismo para promover guerras por “la libertad y la democracia”. Se incita a todo un pueblo a una guerra intestina, para que las llamas consuman los obstáculos de la dominación, y luego venga el bondadoso vecino del Norte a recoger los despojos de la confrontación.

Venezuela, “la tierra del sol amada” de Martí, está amenazada con ser agredida militarmente, mientras se incita a su Fuerza Armada y a su pueblo a dar la espalda al Gobierno elegido por el voto de la mayoría y a apoyar a un títere que no saldrá ni en los más malos cuadernos de historia, una vez que este difícil capítulo del devenir americano sea superado.

Por eso votar por el Socialismo el 24 de febrero de 2019, es también votar contra la agresión a Venezuela, que se ejecuta en nombre del fin de las ideas de izquierda en nuestro continente. Cada voto es la disposición a ser un soldado en la lucha final entre las dos formas de pensamiento, y en última instancia, entre dos rumbos posibles para la humanidad, cuando uno de ellos ha probado con creces ser totalmente autodestructivo y conducir inevitablemente al verdadero fin de la historia: la extinción de la especie humana.

Ese es el fin al que nos conduce el capitalismo en sus extremas manifestaciones y con la fuerza pretenden imponerlo, cuando no han podido vencer con las ideas, ni con las conspiraciones.

Habrá que salir a las calles como se va al combate. Pensando que una causa superior a nosotros requiere nuestro sacrificio. Votar sí es volver a alzarse en armas contra la dominación colonial, y ratificar el juramento de Martí de construir la República como somos y no como quieren que seamos, para que Nuestra América siga contando con el obstáculo más sólido a la dominación imperialista, y para que el imperio sepa, que en la guerra contra el Socialismo y la justicia, tendrá que matar a millones de hijos de Martí y Bolívar, de Chávez y Fidel, y esa guerra, necesaria también, no acabaría jamás, mientras quede vivo un revolucionario.

“Hasta la victoria siempre”

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