Bush, Posada y la guerra sucia contra Cuba

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Tomado de CounterPounch

Por: W. T. Whitney / Traducción: Red26.

El ex Presidente George H. W. Bush murió recientemente. Abundan las historias en cuanto a su civilidad y fácil interacción con asociados políticos y contactos casuales por igual. En Maine, donde su familia posee una casa de verano, la prensa destacó tales cualidades y también su generosidad. La suposición prevalece que la afabilidad suavizó los bordes duros del poder que empuñaba. Los rincones oscuros en la vida política de Bush reciben menos atención.

El criminal Luis Posada Carriles vivió en uno de ellos. Los tratos del Presidente Bush con Posada reflejaron la amoralidad, la falta de principios éticos y la dedicación a preservar un mundo de privilegios. El contraste entre una imagen de tipo decente y una fácil tolerancia de la criminalidad flagrante es sorprendente.

Apesta recordar que los grandes autores de la Constitución de los Estados Unidos poseían a personas esclavizadas. Bush se asemejó al «caballero» dueño de plantaciones en el Sur durante los años previos a la guerra civil cuyas manos a menudo no se ensuciaban. Un subordinado impuso el «sistema de empuje» de la producción de algodón a escala industrial(1). Del mismo modo, Bush no ejecutó los actos sucios contra Cuba.

Los matones de guardia fueron fundamentales para ambos proyectos: el capataz con un látigo y Luis Posada. El 7 de septiembre de 1988, el Senador por Iowa Tom Harkin expuso la conexión entre los crímenes de Posada y la permisividad de Bush.

Bush se postuló para Presidente ese año. Harkin, hablando en el Senado, anunció que «el votante estadounidense merece respuestas de George Bush a algunas preguntas difíciles sobre su relación y la de su oficina vicepresidencial con un conocido terrorista internacional, Luis Posada Carriles»(2).

Señaló que Luis Posada Carriles y Félix Rodríquez  fueron colegas en una «operación de la Casa Blanca» que entre 1985 – 1986 entregó armas desde El Salvador a contrarrevolucionarios en Nicaragua. Agregó que Posada «había pasado 10 años en una cárcel venezolana por volar un avión cubano, matando a 73 personas, en 1976».

Harkin continuó: «así que pregunto, Señor Presidente: ¿podemos realmente creer que Don Gregg nunca le preguntó a su ex colega de la CIA Rodríquez sobre las operaciones secretas de abastecimiento o el socio de Rodríquez, el terrorista internacional Luis Posada?» Gregg era el consejero de seguridad nacional de Bush.

Observando que Rodríquez era un «buen amigo» de Bush, Harkin le pregunta a Bush -que no estaba presente y que nunca respondió- «¿alguna vez le preguntó acerca de sus asociados y si tenía en su empleo a Posada?» Y luego, en relación con Cuba: «Sr. Bush, cuando usted fue director de la CIA en 1976, ¿alguna vez investigó el papel de Posada y otros cubanos en el derribo de un avión civil en 1976?»

Según Harkin, Bush «tomó un interés personal en esto y en una serie de sabotajes contra Castro vinculados, que sacudieron el hemisferio ese año, 1976.» Identificó a Posada como un operativo del grupo CORU de terroristas responsables de los sabotajes. Y Posada «trabajó para la CIA como contratista tan tarde como 1975.» En realidad Posada «trabajó virtualmente a tiempo completo para la CIA desde la invasión de bahía de Cochinos en abril 1961 hasta 1967.» Así que, dijo Harkin, «el primer paso es aclarar sobre Luis Posada, el terrorista internacional».

Concluyó: «el caso de Posada demuestra que no se molestó en utilizar sus oficinas y su grupo de trabajo de terrorismo internacional para investigar las actividades de un terrorista internacional conocido. ¿Fue por qué, señor Vice Presidente, por los lazos de Posada con su «buen amigo» Félix Rodríquez? ¿O fue por el papel de Posada en la organización de la operación secreta de abastecimiento a los Contras desde la base aérea de Ilopango en El Salvador? ¿O fue por los lazos pasados de Posada con la CIA, que usted dirigió a mediados de la década de 1970?

Durante su permanencia como director de la CIA Bush pudo haber interrumpido a Posada, el terrorista que había trabajado para la CIA. Eso no sucedió. Posada tuvo rienda suelta para planificar el derribo del avión, entregar armas a los Contras, organizar para sabotear hoteles en La Habana en 1997, y tratar de matar al ex Presidente cubano Fidel Castro en Panamá en el 2000.

La última pregunta de Harkin persiste, aunque las respuestas se quedaron cortas. No obstante, Fabian Escalante, ex jefe de servicios de inteligencia cubanos, proporcionó información sobre el tema. Afirmó que Posada se unió a otros cubano-americanos expertos en asesinatos en la «Operación 40” de la CIA, con sede en Miami. Escalante citó fuentes indicando que algunos miembros de ese grupo, Posada incluido, estuvieron presentes en la Plaza Dealey de Dallas el día en que mataron al Presidente John Kennedy.

Escalante sugirió que las sombrías obras de Posada quedaron sin castigo, porque «tiene una póliza de seguro de vida, que es lo que sabe sobre la trama de Kennedy».

Al final, está claro que el Presidente George H. W. Bush en circunstancias normales era complaciente y hábil con las sutilezas sociales. Está claro también que cuando las apuestas eran elevadas – como derrocar a la Revolución cubana, por ejemplo, o la lealtad institucional, o ambas – el oportunismo tuvo precedencia sobre la ética.

En cualquier caso, la guerra sucia contra Cuba fue un proyecto mucho más grande que las acciones de Bush o Posada solas. Los ataques en un amplio frente han sido constantes y probablemente continúan. Están privados de un polo norte ético.

Según el periodista Arthur González(3), los científicos han identificado recientemente la presencia en Cuba de un nuevo serotipo de dengue hemorrágico. Esa enfermedad infecciosa potencialmente mortal ha sido endémica en Cuba desde la aparición en 1981 de un serotipo anterior. El brote entonces, ampliamente atribuido a la guerra biológica desarrollada por los Estados Unidos, enfermó a más de 344 000 personas y mató a 159.

González afirma que los operativos estadounidenses introdujeron el nuevo microorganismo en la actualidad. El propósito, afirma, sería interrumpir el turismo y obligar a Cuba a gastar dinero en el control de una epidemia en lugar de resolver los problemas económicos actuales.

Juzgado en Nueva York en 1984 por asesinatos y terrorismo, el agente de la CIA Eduardo Arocena, cubano-americano con asociaciones terroristas, confesó haber introducido agentes biológicos dañinos en Cuba. Muchos piensan que tuvo un papel en la promoción de la epidemia de 1981. González cataloga enfermedades en cerdos, ganado vacuno, caña de azúcar, plátano, cítricos, y plantas de café por los cuales culpa a los Estados Unidos.

Referencias:

  1. El sistema de empuje fue la ejecución del trabajo mediante el uso de la supervisión opresiva directa de las personas esclavizadas. Ver: https://pseudoerasmus.com/2014/09/12/baptism-by-blood-cotton/
  2. Congressional Record – Senate, 100th Congress – 2nd Session, Vol. 134 No. 131, S 13037.
  3. http://razonesdecuba.cubadebate.cu/articulos/continua-la-guerra-biologica-contra-cuba/

 

Artículo original en: https://www.counterpunch.org/2018/12/21/bush-posada-and-dirty-war-against-cuba/

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