El Ministerio de Colonias y su obsesión con Cuba.

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Por: José David País Santamaría.

Cualquiera que piense que las acciones de la Organización de Estados Americanos (OEA) contra Cuba terminaron en la década de los 60, cuando bajo la égida de Washington promovieron el aislamiento de la Isla y se aprestaban a legitimar una invasión militar, no pudiera estar más lejos de la verdad.

Es apreciable que el señor Luis Almagro, que ahora busca reelegirse al frente del mecanismo continental con sede en EEUU, aun considera que su expediente de servilismo y cobardía es efímero, y cada día suma páginas a su hoja de servicios al Imperio, como todo un cachorro de la CIA.

La OEA, o Ministerio de Colonias Yanquis, como la definió magistralmente el Canciller de la Dignidad, Raúl Roa, ha retomado hoy su papel protagónico en el entramado de restauración de la derecha a nivel continental, y aparentemente en su obsesión por aislar a Venezuela, ha ido engrasando su maquinaria de agresividad política y mediática, para usarla contra todos los pueblos cuyo destino actual es molesto para los amos del Norte.

El más reciente show fue montado el pasado viernes 7 de diciembre. Un espectáculo rapidamente mediatizado por la maquinaria comunicacional anticubana y cuidadosamente orquestado por las mafias que hoy tienen secuestrada la política de EEUU hacia Cuba.

Durante un panel celebrado en la sede de la OEA, la archiconocida Comisión Interamericana de Derechos Humanos (la misma que no dice nada de la represión contra niños emigrantes en EEUU), auspició la arremetida contra Cuba.

Se presentaron testimonios de “ex presos políticos” que han sufrido “abusos sistemáticos” por parte del Gobierno cubano. Supuestamente, según estos testigos (que no sabemos como pagan su pasaje a Washington y otros destinos), el estado cubano ha convertido en una “realidad sistemática la detención de personas y privarlas de agua y comida”.

De paso nos enteramos que existe una Comisión Internacional llamada Justicia Cuba (para cuya fundación no sabemos quien puso la plata), que se dedicó a presentar testimonios de las “atrocidades” cometidas por las autoridades cubanas, incuido el empleo de “campos de trabajo forzado”.

Bueno, estuvieron todo el viernes en eso los muchachitos de la OEA y sus “testigos” bien pagados.

La ciencia detrás de los hechos  

Ya hemos hecho mención en otras ocasiones a los componentes del poderío nacional del imperio. EEUU no basa su poder como nación hegemónica solo en sus capacidades militares. A tono con estas, otros factores se ajustan para asegurar la consecución de los intereses imperiales, entre estos: la economía, las finanzas, los medios de comunicación, la inteligencia (espionaje), y la diplomacia, entre otros.

Precisamente a esta última, pertenecen recursos como la OEA. Organizaciones, gubernamentales o no, muchas veces internacionales; otras privadas, con la misión directa de asegurar la materialización de la política internacional del imperio.

Así como lo hizo en los 60. La OEA ahora cumple el cometido de agredir y tratar de aislar a Cuba, para justificar las política sin sentido que Donald Trump ha elegido para la Isla, bajo la influencia de Marco Rubio y sus consejeros anticubanos, como John Bolton y Mike Pompeo (ex jefe de la CIA que recibió en Langley a los “veteranos” de la Brigada 2506, que fueron cambiados por compota hace más de una década).

Se trata de hacer creer a todos, con el apoyo estratégico de los medios de comunicación, que el Estado cubano es ciertamente algo que debe ser derrocado, por cualquier vía, e incluso captar aliados para ese fin.

Convencer de verdad a la opinión pública de que el Gobierno cubano ha matado gente y ha cometido crímenes contra la humanidad, para de esa forma justificar todo tipo de acciones contra Cuba. Es el mismo mecanismo atroz que utiliza armas químicas en Siria para legitimar masivos bombardeos con cohetes crucero y aviones “invisibles”. Los caminos de la Guerra no Convencional.

Así que aun debemos esperar más espectáculos por parte de la OEA. Más peligrosa ahora que tienen en su membresía a nuevos aliados de rancia ultraderecha como el recién electo presidente de Brasil, que ocupa el asiento que pertenece a Lula, y otros serviles de doble cara que señalaron a la izquierda y luego giraron el timón a la derecha, violentando varias leyes del tránsito político (como Ecuador, que ya casi entrega a Assange a los EEUU).

Estos mal nacidos no acaban de aprender la relevancia de las fechas históricas. Eligieron un mal día para celebrar su panel. Un 7 de diciembre murió Antonio Maceo luhando por la independencia de su patria en los campos de Cuba. Años atrás había dicho: “¡no nos entendemos!”, ante el ofrecimiento de paz sin independencia, ni abolición de la esclavitud. La OEA debiera saber, y sus amos también, que ese sigue siendo nuestro juramento.

Para cada intento de retorno al pasado; para cada oferta de restauración capitalista; ante cada ataque sucio y servil, la respuesta será la misma: el espíritu de Baraguá hecho doctrina nacional. El brazo de Maceo, rechazando las cadenas y el oprobio, como canta la letra gloriosa del Himno Nacional.

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