Estemos listos o no: llegó Internet.

internet

Por: José David País Santamaría

Pequeña historia de un cubano en la era de Internet.

Temprano en la mañana, tu teléfono suena y te lanza de la cama. Casi al unísono de tu estirón de mano para callar con premura la melodía que obliga a despertar, tomas en la mano el aparato y ves que hay mensajes pendientes. Durante la noche los amigos estuvieron activos en las redes sociales. La fiesta a la que no asististe, precisamente para levantarte temprano, ahora puedes revivirla en las imágenes posteadas por tus colegas. Sin siquiera levantarte, comentas algunas.

La salida a la calle lleva la prisa del día cuando será productivo. Los espacios de tiempos en los que esperas el transporte lo rellenas con la lectura de diversos sitios de noticias e información, cuidadosamente seleccionada. Lees lo que te interesa, hasta que llega la guagua, a la hora prevista por la aplicación que desde tu móvil avisa el horario de las rutas.

En el trayecto recibes una llamada. Desde muy lejos, un amigo que cumpe misión medica se acordó de tu aniversario de bodas. Tu esposa también cumple misión en el extranjero, en un país donde ahora es de noche y por ello la llamarás más tarde. Conversan y rien, a fin de cuentas, fue él quien te presentó a tu mujer.

Sin haber llegado a tu negocio ya sabes las tareas pendientes. En tu sitio web oficial acumulas decenas de solicitudes para trabajos de construcción y mantenimiento. Eres miembro de una cooperativa exitosa.

El día pasa rápido. Los solicitudes recibidas se cumplen y las ganancias son satisfactorias. Vale la pena transferir con tu teléfono algo de dinero a tus padres que viven en provincia. De paso, reservas por esa vía el pasaje para el acostumbrado viaje en tren del fin de año, ya cuando tu esposa haya regresado.

Como de costumbre desde que ella se fue y como eres mal cocinero, pides comida en Internet a un restaurante local y mientras esperas terminas de comentar las fotos de tus amigos. Luego de la cena y como no hay que fregar (cosa que odias), bajas alguna buena película para verla antes de dormir.  

A esa misma hora tu esposa despierta lejos y dejas todo a un lado para llamarla, decirle felicidades y enseñarle el regalo que habías solicitado a una tienda online días antes. Al final del día, al igual que tus amigos, publicas en tu red social una foto de los dos rodeada de un enorme corazón.   

Me froto las manos esperando a que aparezcan los pesimistas a desgañitarse  contra este pequeño relato. Ya puedo imaginarme los comentarios. Que si faltan siglos para eso; que si eso no es posible en Cuba; que si todo es muy caro, etc, etc.

Bueno, a lo importante. Lo descrito será muy pronto la realidad de Cuba. No por esperado menos feliz, estamos en el día en que la Internet “llegó al aire”, como dice la gente. Pronto, como cosa de magia, la red de redes estará encerrada en nuestros móviles para atravesar diametralmente nuestras vidas y cambiarlas, para siempre.

Soy de los que está feliz con la noticia. A diferencia de los pesimistas, tomo el momento con una inmensa fe en el futuro y en nuestra capacidad de hacer de este hecho un recurso de estratégica importancia para Cuba. Se cumple lo prometido. Nuestro Presidente no habla por gusto y aunque en Cuba no hablemos en estos términos, a solo meses de su envestidura, comienza a cumplir las palabras dadas al pueblo en los primeros días.

La llegada de Internet a un estado de masividad nuevo, nunca antes visto en Cuba, obliga necesariamente a reflexionar. Podemos partir de algunas interrogantes: ¿Qué ventajas posee Cuba para afrontar este nuevo escenario? ¿Cuáles son nuestras vulnerabilidades? ¿Qué espacios de la vida nacional se verán inmediatamente impactados? ¿Cómo hacer que el hecho tenga un impacto directo en la calidad de vida de pueblo y no se convierta en un recurso de élite y capas cómodas de la sociedad, capaces de pagar las tarifas? ¿Hay que defenderse de algo en Internet? ¿Hasta donde llega nuestra soberanía? ¿Dónde están las fronteras?

No pretendemos contestar todas las preguntas. Hay mucha gente sabia en Cuba que ya piensa y hace por todas esas problemáticas. Soy también de los que confia en ellos.

Mi reflexión pretende reiterar la necesidad de estar, en principio, tecnológica, social, cultural e ideológicamente a la altura de una sociedad conectada. Tener Internet masiva en un país como Cuba y no asumir un papel activo como Estado y pueblo para gestionar y controlar eficientemente este recurso, es lo mismo que, habiendo comprado una alarma nueva, abrir en la noche la puerta de la casa y acostarse a dormir.

Tenemos que tener conciencia de donde estamos, y en esta parte voy a ser aun más agresivo con los pesimistas, esos a los que no les gusta “hablar de política” y piensan que el mundo es color de rosa.

No estamos en Hong Kong, ni en el norte de Europa, ni en una isla del Pacífico rodeados de agua someras. Vivimos en Cuba. Estamos “conectando” a una nación que se encuentra bloqueada económicamente; agredida con fuerza desde el ciberespacio; amenazada por planes de restauración capitalisma de enemigos externos y microscópicos acólitos dentro del patio; dueña de una historia y un devenir difíciles de transformar en ceros y unos y ponerlos en las redes.

Hay que estar concientes de que el entramado global de rutas de la información es propiedad del sistema que se haya en antagónica contradicción con aquel de defendemos. Más del 99 porciento de la información en Internet está allí para reproducir el capitalismo.

Imaginemos por un momento que Cuba es un pequeño auto de modestas prestaciones que, luego de muchos caminos vecinales, ahora enfila por una cuesta empinada hacia una autopista de infinitos carriles donde inmensos camiones vuelan sobre las vias. Así veo yo nuestra llegada a Internet, y tengo suficientes elementos de juicio, pueden confiar.

Entonces, hay mucho que hacer.

Hay que meter manos a la obra para hacer realidad la historia de arriba. Como dice Buena Fe: “si te faltan decisiones alguien labrará tu tiempo”. Tenemos que trabajar para construir una conectividad segura, limpia, sana, culta, ágil, etc. No es momento de dormirse con la puerta abierta.

El pueblo se va a conectar, y el Socialismo cubano debes estar allí esperándolo para que puedan encontrarlo. Las instituciones deben estar allí; los trámites; la economía; la cultura; la religión; en fin, la nación conectada, la Patria digital.

Ya hablaremos más sobre esto. Cuando lleguen los primeros datos del “conectón”. Mucho éxito a nuestros técnicos en ETECSA. Ojalá y muchos de mis compatriotas que se conecten por primera vez puedan leer nuestro artículo y sumarse a la RED. Nos vemos.

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