Yo soy Fidel…más que una consigna.

Tomado de: Martillando, publicación del Movimiento Juvenil Martiano. Edición Especial dedicada a Fidel, noviembre de 2016.

Hemos llorado. Cuba entera ha llorado. Los días desde el 25 de
noviembre han sido jornadas de recogimiento y meditación hacia lo
interno; y de compromiso y reafirmación cuando hemos sido convocados.
¡Qué día has elegido! Partiste la noche en que el Granma zarpaba de
Tuxpan en pos de la historia; recorriste la ruta de la Caravana de la Libertad
y entraste precisamente a Granma, ahora una provincia toda, un 2 de
diciembre. Volviste a Santiago, a la génesis, al sitio donde prendió el fuego
definitivo que conduciría a la libertad verdadera. Volviste al Moncada y a
Santa Ifigenia y allí, “en una gran tumba junto al Apóstol”, reposarás con
los Mártires del Centenario, custodiado por tu pueblo.
Hemos gritado. ¡Yo soy Fidel! Ha sido el grito de todos los sitios por
donde la caravana de luz que te llevó a Santiago transitó. ¡Yo soy Fidel!
Retumbó en las plazas de La Habana y la Ciudad Heroica. ¡Yo soy Fidel!
Y ese grito encierra mucho más que la identificación superficial con
una imagen o una idea. Es más que una consigna. Es, debemos hacer que
sea, la continuidad poderosa de una doctrina de pensamiento que no
posee precedentes, porque es nuestra. Proviene de la construcción
histórica de una nación que se ha hecho en Revolución y cuyos padres han
ido colocando, uno a uno, los soportes de pensamiento y práctica sobre los
que descansa. Fidel puso las estructuras esenciales de esta obra, y nos dejó
hechos y mayores de edad, para seguir edificando.
“Yo soy Fidel” es tener la capacidad de actuar como Él, y eso no es
sencillo, porque implica una descomunal capacidad de sacrificio y
desinterés; ajena a toda ambición personal y ruines codicias. Es estar
dispuesto a dar la vida por una utopía; por una causa en la que se cree,
aunque parezca imposible su concreción, pues otra cosa que nos enseñó
Fidel, es no perder jamás la fe en la victoria y la confianza en el éxito de la
empresa revolucionaria.
Para ser Fidel debemos ser radicales; genéticamente incapaces de
rendirnos en cualquier batalla, por pequeña o aparentemente
insignificante que parezca. Debemos ser en extremo sensibles ante todos
los problemas, en especial aquellos que afecten al pueblo, y enfrentarlos
con prontitud y resolución, hasta dejar vencida la dificultad. No podremos
cansarnos.

Ser Fidel es también no mentir nunca. No adornar los hechos, ni
inventar evasivas ante las duras realidades que impone la construcción
del Socialismo, como camino imperfecto y lleno de amenazas, muchas de
ellas levantadas por los enemigos de los pueblos del Sur. Decir la verdad
endurece y empina la obra, lejos de debilitarla, mientras que las mentiras
horadan espacios por donde entran los insectos y las plagas, y debilitan a
la postre el esfuerzo revolucionario.
Fidel estará en todas partes, pero no seremos Él si no sabemos
escucharlo. Para ello hay que leer mucho y tener cerca, para cada
problema concreto, la solución magistral que legara a la posteridad,
derivada de su análisis detallado y preciso de los fenómenos. No
tendremos derecho a equivocarnos en ningún ámbito que haya sido
alertado por el Comandante y en el cual la equivocación que
cometeríamos sería no aplicar sus enseñanzas a tiempo.
Para ser dignos del Jefe de la Revolución, hay que cerrar filas en
torno al Partido Comunista de Cuba, creación suya y único heredero de la
confianza depositada por el pueblo en su Comandante en Jefe. Partido y
Unión de Jóvenes Comunistas sostienen hoy sobre sus hombros la tarea
de transformarse en Fidel, para asegurar la conducción de la Revolución
en las complejas circunstancias que se avecinan, cuando no contemos
con su sabiduría para tomar las decisiones más acertadas. Hay que
preguntarse: ¿Qué haría Fidel? ¿Qué pensaría Fidel? ¿Cómo respondería
Fidel? Y actuar en consecuencia.
Ser Fidel no será sencillo. Cuando el impulso del grito se apague y
volvamos a la realidad cotidiana, se presentará ante nosotros la
verdadera prueba. Esa que no puede sortearse con una consigna. Habrá
entonces que armarse de ideas, estudiarlo, leerlo, cantarlo, para asumir
desde las entrañas la obra que Él deja sólida y encaminada, y no permitir
que nos aparten de su camino. Seremos puestos a prueba todos los días,
y si fallamos una sola vez ya habremos errado en el objetivo de ser Fidel,
porque esta causa es hasta la muerte.
La confianza de nuestro Comandante en Jefe en su pueblo es la razón
más poderosa para creer en que seremos capaces de ser como Él y ser Él.
Fidel confía en nosotros y como nos hemos levantado a rendir homenaje
a su partida física habrá que salir a defender sus ideas en calles, plazas,
centros de trabajo o estudio, y en cualquier espacio donde aparezca
algún petimetre que haya olvidado o por conveniencia no desee recordar
al Jefe de la Revolución.
Por lo pronto está claro que ya se encuentra plantado frente a
nosotros la batalla de nuestras vidas. La generación del Centenario no
dejó morir al Maestro. La nuestra y las que vendrán, somos las
responsables de no dejar morir jamás a Fidel. Solo así será cumplida la
consigna que Cuba entera ha gritado y solo así seremos dignos de decir
que somos Fidel.

LOS CUBANOS VIVEN CON PESAR Y ADMIRACION LA MUERTE DE FIDEL CAST
Imagen tomada de: cartasdesdecuba.com

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